El propio Zapatero ha reducido sus vacaciones en Doñana a quince días. Su intención es permanecer activo hasta el día 6 y reincorporarse a sus funciones tras la tradicional cena en Mallorca con los Reyes, el día 21. Durante su ausencia, los principales encargados de mantener engrasada la maquinaria serán la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega; el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; el de Defensa, José Antonio Alonso; el de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera; la de Medio Ambiente, Cristina Narbona; la de Vivienda, Carmen Chacón, y, como consecuencia de la crisis por el apagón de Barcelona, el de Industria, Joan Clos.
El Ejecutivo espera evitar así que se produzcan situaciones como las de veranos precedentes en las que, ante incidentes inesperados, como el incendio de Guadalajara en el que murieron once personas, en 2005, o el siniestro del metro de Valencia que se cobró 43 vidas, en 2006, se le acusó de indolente. Ahora que cree haber recuperado la iniciativa política, Zapatero no quiere errores que den a Rajoy un balón de oxígeno. Y menos en algo que tenga que ver con la lucha antiterrorista.
Durante las últimas semanas, el presidente ha advertido de que los golpes policiales contra ETA no pueden servir para echar las campanas al vuelo. Fuentes gubernamentales indican que la banda podría estar preparando un atentado de gran magnitud y no descartan una oleada violenta similar a la que sucedió a la tregua de 1998. Las medidas de protección se han incrementado entre el personal de Moncloa e incluso se ha obligado a los segundos y terceros niveles de cada departamento a recibir cursos sobre seguridad.






