
«Cambié el fusil por el rosario», explica a la revista 'Mundo Cristiano' esta joven salmantina de 27 años, quien en 1999 decidió ingresar en el Ejército. Entre las labores militares que recuerda con más cariño se encuentra la ayuda proporcionada por su batallón para levantar puentes provisionales durante las riadas que inundaron la localidad tarraconense de Vendrell en el año 2000.
En septiembre de 2002, la soldado Matilde fue destinada a Kosovo, dentro del contingente español que tenía la misión de restablecer la paz en esta provincia serbia devastada por la guerra civil que asoló el país entre 1996 y 1999.
«Nos dijeron que íbamos a reconstruir la región en son de paz, pero lo cierto es que el riesgo era muy alto», comenta la ex soldado. Vecinos, amigos y familiares se enfrentaron entre sí en los Balcanes. «En Kosovo comprendí que el mundo debía cambiar, y me dí cuenta de que para conseguirlo la que tenía que cambiar era yo», explica Matilde, quien procede de una familia profundamente religiosa. Las lecturas, durante las guardias, de las 'Confesiones' de San Agustín la ayudaron a tomar la decisión.
Régimen de clausura
Dicho y hecho. Al término de los seis meses que su regimiento permaneció en Kosovo, Matilde decidió «dejar las armas y tomar los hábitos». Una decisión, firme y meditada, que no causó especial sorpresa entre sus compañeros, que conocían su intensa vida interior y habían sido testigos privilegiados del surgimiento de la vocación en el corazón de la soldado. De hecho, en la despedida de su regimiento, su capitán le dedicó unas sentidas palabras, que Matilde no ha podido, ni ha querido olvidar: «No dudo que serás tan buen soldado de Cristo como lo has sido en el Ejército».
El 1 de octubre de 2006, Matilde de Luis inició su vida religiosa como Hermana Pobre de Santa Clara, bajo el nuevo nombre de sor Matilde de Jesucristo. Entró como novicia en el monasterio de la Purísima Concepción de las Clarisas (Franciscanas Descalzas) de Salamanca, que sigue un estricto régimen de clausura.






