
También se podía oír al acabar la pregunta: «¿Cómo se puede pasar casi dos horas y media tocando sin contarme nada, sin decirme cosas, sin sorprenderme?» Riesgos de codearse con melómanos exigentes.
Sabido es que Metheny, quien cuenta en su haber con el revolucionario disco 'Song X', junto a Ornette Coleman, escora su depurado tecnicismo hacia esquemas clásicos de jazz o hacia jugueteos aéreos casi 'new age', terreno que suele parecer falto de alma, de hondura sentimental. Con esas cañas, el de Missouri tejió en la Trinidad un perfeccionista espectáculo en el mano a mano con el pianista de Florida, más joven que él.
Primero, a dúo desnudo -'Unrequited', 'Annie's bittersweet cake', 'Make piece', con guitarra eléctrico-acústica, y 'A night away', con acústica-; después, en formato de cuarteto -con Larry Grenadier al contrabajo y Jeff Ballard en la batería-, etapa en la que sonaron 'En la tierra que no olvida', 'Ring of life, Sound of water', 'Towards the light' y el delicioso bolero 'Vera Cruz'. Metheny jugó después con una pieza con su habitual artilugio multicuerdas. Y el recital prosiguió con 'Lauderdale Waltz', con 'Fear and Trembling', tocada con un nervioso solo de batería, y la elegancia de 'Say the brothers name'.
La sesión, en la que sonó también una cuarta guitarra eléctricamente sintetizada, transitó por enormes momentos de ortodoxia jazzística y por capítulos más vacuos. La mácula mayor fue quizás el excesivo protagonismo de la guitarra frente al piano: Mehldau brilló con especial luz cuando estuvo en juego. El acompañamiento rítmico sonó impecable. Luces y sombras del siempre brillante firmamento 'methenyano'.






