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Sociedad

TIERRA DE GIGANTES

TIERRA DE GIGANTES
Dinosaurios de teruel
29.07.07 -
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Dinosaurios de teruel
ROMPECABEZAS. La paleontóloga Ana González trabaja en la reconstrucción de la cadera de un estegosaurio en el laboratorio de restauración ante la mirada del público. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ
Ana González es paleontóloga. Pasa gran parte de su jornada laboral en el laboratorio de restauración de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis. Allí reconstruye desde hace semanas la cadera de un estegosaurio, un dinosaurio herbívoro cuadrúpedo, armado con placas en el lomo desde el cuello hasta la cola, que vivió en la región hace unos 145 millones de años. Libera poco a poco los fragmentos de hueso de la roca en la que están embutidos, los limpia con mimo con un torno de dentista y va montando el puzle. «Esto y excavar es lo que más me gusta», dice mientras intenta hacer encajar dos piezas ante la mirada de un grupo de niños y adultos que, al otro lado de un cristal, accede al museo paleontológico por una rampa que da al laboratorio.

«Es el primer contacto de los visitantes con los fósiles», explica el paleontólogo baracaldés Alberto Cobos. Más de un millón de personas ha vivido la experiencia desde que en junio de 2001 abrió sus puertas un centro que aúna características de parque temático y museo de ciencia. Dinópolis tiene en Teruel más de 10.000 metros cuadrados de exposiciones, a los que hay que añadir los de cuatro centros satélite en Galve, Castellote, Peñarroya de Tastavins y Rubielos de Mora, a los que se sumarán otros dos pronto. «Somos el mayor complejo de España dedicado a la difusión de la historia de la vida en la Tierra», indica Cobos. Al otro lado de la cristalera, los visitantes han desaparecido: acaban de entrar en el museo, donde a través de fósiles y réplicas se harán una idea de lo que ha pasado en nuestro planeta en los últimos 3.500 millones de años, desde que surgió la vida, con especial atención en la época de los lagartos terribles.

«Un lugar único»

Los dinosaurios dominaron la Tierra durante más de 150 millones años hasta que se extinguieron a consecuencia el choque de un asteroide hace 65 millones de años. Ahora reinan en Teruel porque el Gobierno de Aragón apostó por ellos en los años 90 para revitalizar la provincia. No es un capricho. La primera cita científica de un dinosaurio en España data de 1873, fue obra del paleontólogo Juan de Vilanova y hace referencia a restos de un iguanodonte hallados en Utrillas (Teruel). Y el primer dinosaurio español, 'Aragosaurus', fue descubierto en Galve en 1987. «Ésta es una región de rocas sedimentarias muy diversas que abarcan la historia de la vida desde hace 500 millones de años hasta la actualidad, un lugar único en España y, probablemente, en Europa», sentencia el científico vasco. En la provincia hay censados más de 2.000 yacimientos paleontológicos.

Lo más recomendable nada más entrar en Dinópolis es retroceder en el tiempo, ponerse en situación. Basta con montarse en un vagón para viajar desde el Big Bang, la gran explosión con la que nació el Universo hace 13.700 millones de años, hasta la época de los dinosaurios y sentir de cerca el aliento de 'Tyrannosaurus rex'. Tras ver cómo trabajan los científicos en el laboratorio, llega el momento de entrar en contacto con los fósiles, auténticos y réplicas, de verlos y tocarlos. Es posible explorar algunos gracias a pantallas interactivas, pero lo que deja con la boca abierta a niños y no tanto son esqueletos como el de 'Brachiosaurus', un herbívoro de cuello largo que fue durante décadas el dinosaurio más grande conocido.

Hace cuatro años, la réplica de 'Brachiosaurus' de Dinópolis -la osamenta original está en el museo Humboldt de Berlín- confirmó a Cobos y su compañero Rafael Royo-Torres que a 32 kilómetros de Teruel habían dado con algo grande, muy grande. Fue el 23 de mayo de 2003. Los dos jóvenes científicos pateaban las colinas y barrancos abrasados por el Sol de Riodeva, una aldea de 312 vecinos situada a 967 metros de altura en la frontera con Valencia, cuando Cobos se encontró en medio de una alfombra de fragmentos de hueso folisilizado. «Lo que para los habitantes de Riodeva eran piedras en un antiguo campo de labranza para mí eran huesos de dinosaurio. Había miles de esquirlas». Inmediatamente, llamó a voces a su colega. «La emoción que sientes es algo irrepetible. Era increíble. Nunca volveremos a ver algo así», cree Royo-Torres.

Aquel día, recuperaron el primer hueso entero, una falange de 30 centímetros. Volvieron con ella a Teruel y comprobaron que era el doble de grande que la de 'Brachiosaurus'. «En una semana, afloró todo. Era el sueño de cualquier paleontólogo y lo que la Fundación necesitaba», recuerda Cobos acerca de los restos de la pata delantera izquierda de 'Turiasaurus riodevensis', como fue bautizado en la revista 'Science' en diciembre pasado. La extremidad del dinosaurio más grande de Europa, uno de los seres más grandes que han caminado sobre la Tierra, está expuesta en una vitrina cerca de 'Brachiosaurus'.

El mundo de 'Turiasaurus'

El gigante de Riodeva era lo que los niños de visitan Dinópolis conocen como cuellilargo gracias a las doce, por ahora, películas de animación de la saga 'En busca del valle encantado'. Se trataba de un saurópodo, un herbívoro cuadrúpedo de cuello y cola largos, y cabeza pequeña. Un ejemplar adulto pesaba entre 40 y 48 toneladas -como 6 ó 7 elefantes africanos- y medía del morro a la cola más de 35 metros, como un campo de baloncesto. Cuando 'Turiasaurus' murió hace 145 millones de años, el paisaje de la zona era el de una marisma surcada por canales. El territorio de la actual Comunidad Valenciana estaba sumergido bajo el mar de Tethys, que separaba los supercontinentes de Laurasia -Norteamérica, Europa y Asia- y Gondwana, que agrupaba el resto de tierras emergidas.

'Turiasaurus' vivía, seguramente en pequeñas manadas, a orillas del mar que con el tiempo sería el Mediterráneo. El clima era entonces más caluroso y húmedo, y la vegetación exuberante, aunque no había ni hierba ni flores. Todavía no habían aparecido sobre nuestro planeta. En el yacimiento de Barrihonda de Riodeva, el equipo científico liderado por Luis Alcalá, director de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, ha recuperado también madera fósil, huesos de tortugas y estegosaurios, restos de peces, dientes de cocodrilos y de pequeños carnívoros... «Aquí había un gran río meandriforme en cuyos recodos se acumulaban los restos de diferentes animales muertos arrastrados por el agua», explica Cobos.

Cuesta imaginarse algo parecido a un gran río en el reseco yacimiento de Barrihonda donde media docena de investigadores prepara dos 'momias' para su extracción. 'Momia' llaman los paleontólogos al bloque de tierra y huesos protegido por escayola para ser trasladado con seguridad hasta el laboratorio. Una de las piezas que saldrán pronto de Riodeva contiene la cadera de 'Turiasaurus'; la otra, otros huesos. «Desde que llega una 'momia' como la de la cadera de estegosaurio hasta que acabas de reconstruir la pieza, pueden pasar tres o cuatro meses», explica en el laboratorio Ana González, acostumbrada ya a trabajar de cara al público.

«En Dinópolis hemos intentado combinar la divulgación del trabajo científico y de la historia de la vida con lo divertido, con el espectáculo, para así despertar el interés por la paleontología sobre todo entre los niños», indica Cobos. Es lo que pasa con atracciones como 'El último minuto', en la que se recorre en barca el tiempo pasado desde la extinción de los dinosaurios hasta la aparición de nuestra especie o con las zonas de juegos y espectáculos infantiles, en las que también disfrutan los adultos.

El objetivo del proyecto, además de recuperar un patrimonio cultural que los científicos no han empezado nada más que a arañar, era convertir los fósiles en un riqueza para Teruel, meta que parece haberse alcanzado. «La gente viene con los niños a visitar Dinópolis y se queda a pasar el día o el fin de semana en Teruel. Desde nuestra inauguración, se han abierto nuevos hoteles en la ciudad», dice Higinia Navarro, gerente del parque paleontológico. «Dinópolis ha sido un revulsivo para Teruel y la provincia», coincide Miguel Ferrer, el alcalde de la capital.

«En 2001, visitaron el monumento de los Amantes 40.000 personas; el año pasado, 90.000. Además, se ha duplicado la oferta hotelera de más calidad. Y todo eso ha sido en gran parte gracias a Dinópolis», dice el regidor. Ferrer, que fue presidente de la Diputación provincial entre 1999 y 2006, destaca que han sido varias las iniciativas puestas en marcha para «revitalizar Teruel» -como la peatonalización del centro histórico y la creación de la Fundación Amantes-, aunque tiene claro que los dinosaurios han marcado la diferencia.

Los vecinos también se han dado cuenta. «Los pastores, que antes nos miraban como a bichos raros, nos llaman cuando creen que pueden haber fósiles en algún sitio», asegura Cobos. Teruel ha encontrado una fuente de riqueza en su pasado más remoto, cuando los reptiles dominaban tierra, mar y aire, y sus habitantes lo saben.
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