Frente al aspecto demudado que ofrecía tras conocer la victoria de Agirre, Prieto compareció ante los medios de comunicación sonriente y aparentemente relajado. Parecía sentirse satisfecho del resultado de un pleno de investidura que apartó del poder al PP, la fuerza que obtuvo mejores resultados en los comicios de mayo. Aseguró que quería «pasar página» y no dedicar «mucho tiempo» a hablar de los «enredos» que han «fraguado» la actual situación de la política alavesa, con el PNV liderando la Diputación y el PSE el Ayuntamiento de la capital. Un reparto de poder que ya aventuraba, en plena campaña, el propio Xabier Agirre, encuadrado en la línea más soberanista del PNV, que personifica Joseba Egibar.
«Riesgo asumido»
El líder socialista alavés afirmó que «todo lo hecho» en los dos últimos meses contaba con el respaldo de las direcciones del PSE y del PSOE, con las que ha actuado «en coordinación y sintonía». Reconoció que tenía un acuerdo con EB-Aralar para lograr el control de la institución foral, aunque la actitud de ANV -que anunció en el pleno que daría sus votos al PNV para evitar que él se convirtiera en diputado general- «alertó a Aralar, que decidió abstenerse».
No obstante, esta formación abertzale desmintió ayer por medio de un comunicado las palabras de Txarli Prieto y negó la existencia de un pacto previo con los socialistas.
De cualquier forma, el líder del PSE recalcó por la mañana que su grupo no había cometido «un error de cálculo», sino que había asumido «un riesgo», sabiendo que «sus movimientos podían producir reacciones». Y siempre desde la doble perspectiva de querer «superar al PP» por su política «nefasta en los últimos cuatro años» y su «infame» campaña electoral, y de estimar que a los populares «sólo les cabía un acto de generosidad hacia nosotros».
Tras asegurar que no se plantea dimitir como responsable del PSE de Álava, Prieto anunció que sus «compromisos» para el futuro inmediato son garantizar «el buen funcionamiento» del Consistorio vitoriano y «ayudar» a que la Diputación» ponga en práctica «la mejor política de progreso y convivencia».






