
Lo sucedido el jueves ya es conocido. Tras dos meses de contactos, los aspirantes del PP (Javier de Andrés), PSE (Txarli Prieto) y PNV (Xabier Agirre) se presentaron en el pleno de investidura sin que se supiese quién iba a ser el sucesor de Ramón Rabanera. El dirigente jeltzale contaba con el respaldo de EA y sumaba 16 junteros, el popular -el más votado el 27-M- contaba con 15 y el socialista con 14. Sin embargo, Prieto insistía en que tenía los apoyos suficientes para ser el próximo diputado general. El PP matizaba que no eran ellos y que su intención era votar a De Andrés.
Llegó el debate y el candidato socialista realizó el movimiento que llevaba estudiando durante varias semanas. Desveló que tenía un pacto suscrito con EB/Aralar con el que sumaba 16 junteros, los mismos que PNV y EA, pero al haber obtenido más votos que los jeltzales el 27-M se hacía con la Diputación. Jaque. Lo que no había previsto, por lo menos aparentemente, es que ANV (4 junteros) amenazase con apoyar al PNV para impedir la victoria de Prieto. Jaque mate y Xabier Agirre nuevo diputado general.
En un duro artículo publicado ayer por EL CORREO, el parlamentario del PSE-EE por Álava Antonio Rivera definía gráficamente lo ocurrido: «Recuerda esas competiciones de macarras acelerando contra el vehículo que viene de frente hasta poderse demostrar trágicamente quién es más macho». El representante socialista calificaba el pleno de «espectáculo deleznable» y «mal chiste» y lanzaba una advertencia: «El trabajo de los negociadores no era nada fácil, pero a los políticos se les mide por los resultados, no por las intenciones. El resultado ha sido un fiasco, y si las explicaciones consisten en echar las culpas sobre el otro respectivo, el noble arte de la política recibirá otra nueva lanzada».
Sin embargo, las reflexiones de Rivera son, por lo menos públicamente, una excepción. Mínima autocrítica. La mayoría de los dirigentes del PSE-EE han optado por cerrar filas y situar la responsabilidad de que el PNV lidere las tres instituciones forales en el debe del PP, que «no ha tenido la generosidad suficiente». Según esta tesis, a pesar de que los populares fueron la lista más votada, tenían que haber cedido la presidencia de la Diputación al PSE-EE por varios motivos: porque durante los últimos ocho años los socialistas apoyaron al PP en Álava y en Vitoria, porque, tras el 27-M, les dieron la presidencia de las Juntas Generales y porque en las elecciones apenas les separaron poco más de 160 votos.
Los insultos del PP
El PSE no se planteó en ningún momento apoyar a De Andrés. Para los máximos responsables del socialismo vasco, en estos momentos es imposible respaldar a una formación que «nos ha insultado, denigrado y llevado a los tribunales». Según un destacado miembro del PSE, Txarli Prieto tenía dos opciones: «Guatemala o 'guatepeor'». Y eligió al PNV.
Durante dos meses, el aspirante socialista intentó convencer a los jeltzales de la bondad de un acuerdo que otorgase estabilidad a Álava. El problema fue que el PNV de este territorio está controlado por el sector de Joseba Egibar, poco amigo de esta entente porque supondría poner en riesgo el tripartito de Ibarretxe. Para eliminar suspicacias y demostrar que su objetivo no era desestabilizar al Gobierno autónomo, Prieto ofreció a sus interlocutores peneuvistas, con el beneplácito de la dirección del PSE-EE, el compromiso de que los socialistas vascos apoyarían los Presupuestos de Ibarretxe durante los próximos dos años. La oferta no cuajó. Y se tentó a EB con los resultados ya conocidos.
El sainete de Álava ha rematado dos meses en que los socialistas han pasado de la euforia a la desilusión. Fueron la primera fuerza en Guipúzcoa y rozaron el triunfo en Álava. Ninguna de las dos diputaciones es suya. Sin embargo, para algunos, el problema no es tanto ése, sino las formas y el crear «demasiadas expectativas».
«En Guipúzcoa fuimos los primeros y se planteó de cara un acuerdo con EA. Teníamos toda la legitimidad para reclamar la Diputación y no hubo forma humana de arrebatársela al PNV», afirma un dirigente socialista que contrapone esta estrategia a la desarrollada en Álava: «Ha habido cierto oscurantismo en las negociaciones, no se sabía con quién buscábamos pactar y lo único que hemos trasladado a la opinión pública es que queríamos tener el sillón de la Diputación».
Para este destacado miembro del PSE, la disyuntiva entre «Guatemala y 'guatepeor'» se hubiese inclinado hacia el PP. «Su actitud ha sido indignante, nos han llamado asesinos y es cierto que buena parte de nuestra militancia no lo hubiera entendido, pero para eso estamos nosotros, para explicárselo. En política a veces tienes que pactar con gente con la que no quieres hacerlo. Es evidente que no era la mejor solución, pero que el PNV tenga las tres diputaciones es infinitamente peor». Días antes de que se confirmase la victoria del jeltzale Xabier Agirre, importantes responsables del PSE recalcaban que lo único que podía darse por seguro era que el PNV no gobernaría Álava.
La pregunta es cómo afectará todo lo sucedido a la estrategia diseñada por el PSE para llevar a Patxi López a Ajuria Enea como «alternativa» al PNV. «La verdad es que no hemos dado una muy buena imagen en las negociaciones postelectorales», admite un miembro del PSE. En todo caso, «la historia no ha terminado». Agirre sólo cuenta con 16 junteros de 51. Descartar un pacto de gobierno entre PNV, EA y PSE en Álava sería muy precipitado. Cosas más raras se han visto en la política vasca.






