Tal vez sea este el problema: que los ciudadanos rara vez somos conscientes de la auténtica dimensión en la que se juegan las cuestiones políticas. Cuestiones que, de dar crédito a lo que muchos sostienen, siempre están más allá de las apariencias. De manera que en Navarra o en Álava no se decide la constitución de los respectivos gobiernos forales, asunto ya de por sí importante por las repercusiones que los mismos tienen sobre la vida diaria de las ciudadanas y los ciudadanos, y que en todo caso se dirime estrictamente en el marco del juego democrático. No. Según algunas influyentes interpretaciones, lo que se decide en cada caso son cuestiones como el futuro de la nación española o el ejercicio efectivo de la autodeterminación vasca.
En una de sus páginas más brillantes, Ernest Gellner considera que el fracaso histórico del marxismo estriba en su pretensión de «sobresacralización de lo inmanente». Sacralizando todos los aspectos de la vida social -desde una cosecha récord hasta un parto múltiple-, privó a los hombres de un refugio al que recurrir en los periodos de entusiasmo disminuido. Periodos así son inevitables ya que muy pocos individuos (y ninguna colectividad) pueden permanecer en un estado de permanente exaltación.
Y concluye: «Al sacralizar este mundo privó a los hombres de ese contraste necesario entre lo elevado y lo terreno, y de la posibilidad de escaparse a lo terreno cuando lo elevado se encuentra en animación suspendida. El mundo no puede soportar el peso de tanta santidad». Ni aquí ni en Rusia.
Seguramente las cosas son más sencillas, aunque no menos importantes. El jueves escuché con agrado una entrevista con Josune Ariztondo, secretaria del EBB del PNV y cabeza de la gestora municipal de Ondárroa.
En un contexto realmente anómalo, con unos concejales electos que no han asumido su cargo, con amenazas graves a quienes sólo buscan la gobernabilidad del municipio, al ser preguntada por sus objetivos habló de humanizar el paisaje urbano de la localidad, sí, pero sobre todo de la apertura de una guardería, la construcción de viviendas, etc. En general, son estas las cosas a las que se dedican las instituciones. Y ya es bastante.
i.zubero@diario-elcorreo.com







