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Economía

ECONOMÍA
La guerra cainita de los Dassler
La enconada rivalidad de los fundadores de Adidas y Puma no sólo ha marcado la historia de ambas marcas, también la de la contratación de deportistas para promocionar ropa deportiva
29.07.07 -
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En 1970, antes del Mundial de fútbol de México, Horst y Armin, hijos y herederos de los imperios y rivalidades furibundas de Adi y Rudolf Dassler, llegaron a un inesperado acuerdo conocido como el 'pacto Pelé': el mejor jugador de todos los tiempos quedaría fuera del objetivo tanto de Adidas como de Puma para evitar que su fichaje causara una guerra de ofertas que no convenía a ninguna de las dos empresas alemanas. Pero, ¿quién dijo que los pactos están para cumplirlos?

Armin viajó raudo a la localidad carioca de Santos y entregó a Pelé 25.000 dólares por aquel Mundial -que finalmente ganó Brasil-, otros 100.000 por los siguientes cuatro años, y unos royalties del 10% sobre las ventas de las botas Puma con su nombre. Y por si esto no bastaba, para recochinearse de su primo, acordó con el jugador que en uno de los últimos partidos, antes del saque inicial, el delantero le pidiera al árbitro que se detuviera unos instantes, se arrodillara y se atara las botas muy lentamente. Así, durante unos segundos, sus Puma, ocuparían las pantallas de millones de hogares de todo el mundo. El modelo 'Puma King' -en honor de 'O Rei'- mantuvo un remanente de ventas hasta en los peores momentos de la marca e incluso en 2006 se volvió a fabricar con gran éxito. «Para Adidas fue una traición imperdonable. Nunca más se firmaron pactos. A partir de ese momento, las grandes estrellas del deporte entraron en guerras de pujas y así se llegó a los contratos colosales de hoy día», relata la periodista Barbara Smit, que acaba de publicar 'Hermanos de sangre', un libro que analiza cómo se fraguó la batalla más cruenta jamás vivida en la industria deportiva.

Aquella felonía no fue nada excepcional; tan solo un capítulo más de la guerra de estos hermanos y sus descendientes, para quienes el afán de poder y prestigio deshicieron en hiel el menor atisbo de fraternidad. ¿Pero qué ocurrió para que los Dassler se odiaran de esa manera?

«Adi y Rudi trabajaron juntos durante muchos años en su Herzogenaurach natal. Sus personalidades eran opuestas y eso hacía que se complementasen. Adi era un artesano obsesionado en fabricar el mejor calzado para cada deportista y Rudi, más extrovertido y sociable, era un excelente comercial. Su marca conjunta 'Gebrüder Dassler' (Hermanos Dassler) alcanzó sus mejores momentos bajo el régimen nazi, en un momento en el que el deporte era una herramienta de propaganda política.

Tras la Guerra Mundial

Las tensiones se magnificaron cuando Adi se casó con Käthe, fuerte e inteligente, que se implicó en el negocio, y en la que Rudolf vio una amenaza. El mayor desencuentro, sin embargo, surge con la Segunda Guerra Mundial, cuando Adi queda eximido de su incorporación a filas al ser reconocido como técnico indispensable para el buen funcionamiento de la fábrica, mientras que Rudi era enviado al frente en Polonia.

Rudolf nunca superó la afrenta. Además, tras la guerra fue encarcelado durante un año acusado de pertenecer al servicio de inteligencia de las SS. Siempre culpó a su hermano de haberle traicionado y no dudó en intentar incriminarle para limpiar su nombre y recuperar el control de la empresa. Quedó claro que los hermanos ya no podrían trabajar juntos. Rudi fundó Puma a un lado del río Aurach, y Adi mantuvo las instalaciones en el otro para Adidas.

Tras la separación, Herzogenaurach fue una ciudad dividida. «Berlín tenía su muro y Herzo su río Aurach, que partía la ciudad en el lado de Adidas y la margen de Puma. De hecho se la conocía como 'la ciudad de los cuellos doblados' porque todo el mundo, antes de iniciar una conversación, inclinaba la cabeza para ver qué calzado llevaba su contertulio. Los trabajadores de una y otra fábrica iban a bares diferentes, a panaderías distintas, mandaban a sus hijos a jugar a equipos dispares... Las diferencias se diluyeron cuando las familias Dassler dejaron de controlar las empresas, aunque aún hoy persisten algunos extremistas que no quieren trabajar con los del 'otro bando'», explica Smit.

Así, Franz Beckenbauer -capitán de la selección que ganó el Mundial en 1974- enseñaba algunos trucos a los nietos de Adi en el jardín de la casa familiar de Herzo, al otro lado del Aurach, el mismísimo Pelé jugaba con los nietos de Rudolf. Durante las décadas en que los Dassler dominaron el mundo del deporte nadie pudo imaginar que las dos facciones de la familia llegarían a perder el control de sus empresas, ni que la empresa americana Nike desbancaría a Adidas de su posición predominante ni que una compañía francesa de productos de lujo terminaría dándole un buen bocado a Puma.
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