
El portavoz del EBB fue contundente al subrayar que los peneuvistas no cederán «a las amenazas y el chantaje» promovido por «quienes apuestan por el caos en las instituciones». Frente a esta forma de actuar, enfatizó, «los ciudadanos van a comprobar una vez más quiénes somos los que construimos y quiénes quieren otra cosa».
«A partir de ahí, a lo nuestro», insistió el presidente del partido en un nítido mensaje a sus compañeros para «trabajar» en pos de ambos municipios y resolver «las cuestiones del día a día». Todo ello «sin alharacas ni aspavientos, asumiendo nuestra responsabilidad».
Las palabras de Urkullu atronaron en el interior del Palacio Foral cuando aún resonaban en el exterior los gritos y proclamas de algo más de medio centenar de seguidores de ANV que, liderados por el cabeza de lista por Ondarroa, Unai Urruzuno, el juntero Andoni Arriola y la mahaikide Jone Goirizelaia, reclamaron el bastón de mando de ambos ayuntamientos.
El PNV quiso escenificar un cierre de filas con los dirigentes «de alta capacitación y experiencia», que han asumido el gobierno de las dos localidades en una legislatura que los implicados calificaron de «complicada». El partido ha seleccionado de entre 235 aspirantes dos equipos en los que se encuentran parlamentarios vascos, miembros del EBB y del BBB, representantes en Juntas y antiguos concejales y alcaldes. La relación incluye a la ex diputada de Medio Ambiente María Esther Solobarrieta, única ausente ayer «por estar de viaje» y que asumirá el cargo a su regreso.
«Tender puentes»
Junto a Urkullu, estuvieron presentes en el largo proceso de toma de posesión el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao; la presidenta de las Juntas, Ana Madariaga, y destacados miembros del Gobierno foral. A su lado se situaron altos cargos del PP, como el portavoz parlamentario Leopoldo Barreda y el secretario de organización institucional de EB, Gorka Urkiza. Ambos partidos tienen un representante cada uno en la gestora de Ondarroa, Germán López -el único edil que recogió su acta el 16 de junio- e Iñaki Santamaría. Eusko Alkartasuna, como estaba previsto, dejó vacantes sus dos asientos en esa localidad.
El procedimiento para constituir ambos gobiernos municipales resolvió la incógnita de quién ostentaría la 'makila'. La responsabilidad de presidir las dos gestoras recaerá en dos ex alcaldes: Félix Aranbarri, regidor de Ondarroa los ocho primeros años de la democracia, y Pedro Juaristi, primer edil de Mendexa entre 1999 y 2003. Ambos reconocieron que su labor no será «fácil» durante los próximos cuatro años y que habrá que articular «fórmulas» para mantener cierta «comunicación» con la izquierda abertzale. Los propios representantes de EB que acudieron a este acto reconocieron que, una vez conformadas las gestoras, «es el momento de tender puentes». «No se puede estar cuatro años con un pueblo dividido al cincuenta por ciento», aseguró Gorka Urkiza.
Su discurso chocó con el de los dirigentes de ANV concentrados en el exterior del Palacio foral. Aseguraron que los integrantes de ambos equipos de gobierno «no son bienvenidos» porque «no tienen legitimidad. Junto a varias pancartas en las que se pedía «respetar la palabra» de los vecinos de Ondarroa y Mendexa, Unai Urruzuno advirtió que a ambas localidades han regresado «los tiempos del franquismo», de cuando «los alcaldes eran designados a dedo con cero votos». La diferencia es, a su juicio, que «ahora la imposición nos viene de la mano del PNV». El líder de la izquierda abertzale en la localidad costera cargó contra la dirección peneuvista a la que acusó de tener «la desvergüenza de cerrarnos las puertas en las narices» por no haber renunciado a los ediles que ANV se atribuye.






