
Pugna antigüa
Aunque el origen de esta disputa entre los dos senadores demócratas con ambiciones presidenciales parezca banal, la cuestión de la diplomacia «cara a cara» con regímenes hostiles a Estados Unidos ha servido para sacar a la luz las profundas divergencias en política exterior entre el idealismo radical de Barack Obama -quien, por ejemplo, siempre se ha opuesto a la guerra de Irak- y el calculado pragmatismo de Hillary Clinton -que votó en el 2002 a favor del uso de la fuerza contra el régimen de Sadam Hussein aunque ahora insiste en una inmediata retirada-.
La senadora por Nueva York, destacó que tiene mucha más experiencia y credenciales políticas que cualquiera que sus rivales, y calificó la idea de entrevistarse con los peores enemigos de Estados Unidos como «irresponsable y, francamente, ingenua», bajo el argumento de que esos gobiernos no dudarían en utilizar con fines propagandísticos esas supuestas reuniones, que a su juicio deben reservarse como una especie de incentivo muy especial dentro de procesos delicados de negociaciones bilaterales. Al ser presentado como un temerario novicio de la política exterior, Obama respondió con el peor reproche que se le puede hacer a un aspirante presidencial del Partido Demócrata: una equiparación con los actuales ocupantes de la Casa Blanca. El senador por Illinois indicó: «Yo no quiero una continuación de Bush-Cheney. Yo no quiero un Bush-Cheney ´light´. Quiero un cambio fundamental».
Como parte de este cruce de críticas en los últimos cinco días, Barack Obama se declaró «sin miedo a perder la guerra de relaciones públicas con dictadores». Sin dejar de marcar diferencias con la Administración Bush, que se niega a mantener diálogos directos con dictaduras como la de Irán, el senador por Illinois reiteró su disposición «a mirarles a los ojos y decirles lo que hay que decir».
La senadora Clinton, prefirió utilizar portavoces para hacer frente a las críticas de Obama, y abordar la cuestión ante las cámaras de la CNN al sentirse especialmente atacada por la etiqueta de Bush-Cheney ¿light'. Según Hillary: «Esto está llegando al nivel de tontería. Me han llamado muchas cosas en mi vida pero nunca me han llamado George Bush o Dick Cheney», dijo a modo de crítica para Barack Obama por haber abandonado su llamada nueva «política de esperanza» por ataques personales.
Aunque para Obama: «si la senadora Clinton está interesada en seguir las estrategias diplomáticas de Bush-Cheney durante los próximos años, es su problema, pero que no se presente como estandarte del cambio. Si se quiere hablar de irresponsabilidad e ingenuidad, miren a su voto para autorizar a que Bush enviase tropas a Irak sin un plan de salida».






