
La propuesta no deja de ser una fábula que imagina lo que habría ocurrido si los desalmados vikingos hubieran alcanzado la costa americana con un fin aniquilatorio más que saqueador y recaudatorio. Para darle interés a la propuesta, se introduce en la tribu americana a un joven invasor que es criado y adiestrado como si de 'Un hombre llamado Caballo' o un 'Pequeño gran hombre' se tratara y que se convertirá en defensor de los valores adoptados frente a los, por sangre, heredados.
El problema es que últimamente todo pueblo invasor medieval tiene que intentar parecerse a 'El señor de los anillos' de manera que estas hordas conquistadoras son más Orcos que vikingos y el héroe es más Aragorn que el guerrero indio que representa. La oscuridad en la que se desarrolla toda la historia no casa bien con la pradera americana, adoptando una estética de cómic que termina por agotar. Las carnicerías entre invasores e invadidos se describen de forma contundente pero confusa resultando explícita solamente la destrucción de cráneos y los cortes de cuello. El resto, la coreografía del combate, hay que imaginársela entre un maremagno de fotogramas propio de un montaje un tanto psicótico.






