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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

crónica rosa
Qué nivel, Maribel
¿Gente, si de verdad me queréis, irse! Lo dijo una vez Lola Flores. Y lo dio a entender la Pantoja en el concierto que suspendió en Alicante
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Qué nivel, Maribel
VIL METAL. La tonadillera suspendió un concierto porque no la pagaban en efectivo. / EFE
Es triste tener que pedir... Pero más triste es tener que pedirle a alguien que te idolatra que, precisamente por el amor que te profesa, se vaya a su casa y te deje en paz. Sin embargo, hay momentos en la vida de una persona, y especialmente de una folclórica, en los que no queda otra. Uno de esos instantes terribles se produjo en la boda de Lolita. La incontrolada avalancha de fans, que se coló hasta la sacristía, convirtió la iglesia donde intentaba casarse la hija de Lola Flores en un camarote de los Hermanos Marx al cuadrado.

Ante el pavor de que aquello sin haber llegado a boda se tornara funeral (con los novios muertos, en plena juventud, como Romeo y Julieta, pero no por veneno sino por aplastamiento; lo cual nunca deja un cadáver bonito), a la madre de la novia no se le ocurrió nada mejor que gritar la célebre frase: «¿Gente, si de verdad me queréis, irse!». Lo malo es que el empecinamiento de muchos por quedarse y no aflojar ni un milímetro puso en entredicho la verdadera naturaleza de los sentimientos que crían los fans hacia sus supuestos ídolos. Debe de ser por eso que en los tatuajes siempre dice 'Amor de madre', 'Amor de hijo', 'Amor de novia'... Pero nunca he visto uno que diga 'Amor de fan'.

Julio Iglesias también utilizó ese argumento hace muchos años en un concierto en el que la gente, de la propia histeria, se apelotonó y acabo derribando una valla. «Si de verdad me queréis, id hacia arriba», les gritó el cantante. Lo lógico habría sido decirles: «Id hacia arriba que os vais a matar». Pero Julio, igual que Lola, es de los que piensan que los fans siguen esa lógica aberrante que sitúa los deseos de su ídolo por encima incluso del más básico instinto de supervivencia.

El público de Isabel Pantoja ha dado sobradas muestras de quererla. Qué digo quererla, de adorarla con una fe tan irracional como la que llevaba a Carmina Ordóñez a lavarse los pies con Coca-Cola en el Rocío, creyendo que la Virgen la convertiría en agua pura y cristalina al contacto con el primer callo. Parte de los seguidores de la Pantoja más que público son secta. Ellos continuarán defendiendo su inocencia mientras sí se demuestra lo contrario. Por eso la cantante, cuando suspende un concierto, como el de Alicante, y deja con la miel en los labios a 5.000 asistentes, no tiene el menor empacho en que las explicaciones las dé el primero que se ponga a tiro. Como si es Ángela, la torera...

Al público, tal era su fervor, le costó asimilar que lo que voceaba la mánager -o asistenta- de la Panto a través del altavoz de un coche policial era eso de «Gente, si la queréis, irse». Por lo visto, todo por 15.000 euros pendientes. Se los intentaron pagar en un cheque, pero ella los quería 'cash'. Y es que desde que conoció a Julián Muñoz, Pantoja (y tiene su lógica) no da crédito.
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