El Gobierno surcoreano condenó el asesinato e instó a los rebeldes a que liberen de forma inmediata a los cautivos, que fueron secuestrados en la provincia oriental de Ghazni. «Debe quedar claro que el autor del secuestro es responsable del sacrificio y que dañar a los civiles no puede ser justificado bajo ningún concepto», dijo el consejero presidencial de Seguridad Nacional, Baek Jong-chun, tras una reunión urgente celebrada en la Casa Presidencial en Seúl.
Baek ha sido enviado por el Gobierno surcoreano para negociar la liberación de las 18 mujeres y cuatro hombres que continúan retenidos.
Reclamos divididos
Una fuente de la negociación precisó que hay tres grupos entre los propios raptores, que no logran ponerse de acuerdo sobre sus demandas. La facción que está constituida por guerrilleros de las provincias sureñas de Kandahar y Helmand exige el intercambio de rehenes por presos talibanes, mientras que las otras dos se conforman con el pago de un rescate, algo que el Gobierno afgano espera lograr.
Khowaja Muhammad Sediqui, jefe administrativo del distrito de Qarabagh, donde se produjo el secuestro, y también miembro del equipo de mediadores, confirmó ayer que los secuestrados «están retenidos por separado, pero están todos a salvo».
Los talibanes han reclamado la excarcelación de ocho miembros de su grupo a cambio de un idéntico número de rehenes, pero al no recibir una respuesta por parte de los mediadores afganos, anunciaron ayer que iban a comenzar a ejecutarlos.






