Bañuelos, que había perdido poder en Astroc a marchas forzadas durante los últimos meses, justificó su abandono en una «decisión personal». Se mantiene, sin embargo, como primer accionista de la empresa con un 31,4% del capital, aunque fuentes del mercado señalan que no tardará en diluir su participación. La presidencia de la compañía la asumirá Juan Carlos Nozaleda, según acordó ayer el consejo. Este nombramiento implica en la práctica la toma de control de la inmobiliaria por parte de Nozar, segundo mayor accionista con una participación del 24,9%.
La trayectoria de Astroc ha sido siempre poco ortodoxa. La empresa nació y creció gracias al trabajo de Bañuelos como 'agente urbanizador', una controvertida figura contemplada en la legislación urbanística de la Comunidad Valenciana que permite desarrollar proyectos sin necesidad de ser propietario de los terrenos. Y salió a Bolsa. Fue en mayo de 2006 a un precio de 6,8 euros por título. Después, y casi por arte de magia, los títulos llegaron a revalorizarse un 1.000% para marcar 76 euros a comienzos de 2007.
¿Cómo? Bañuelos era un auténtico vendedor. Rodeado de un marketing propio de Hollywood logró atraer a su lado a inversores de reconocido prestigio. Amancio Ortega, Nozar o Rayet entraron en el proyecto y eso hizo que la cotización creciera como la espuma.
Al tiempo, el joven ejecutivo se daba lujos como organizar una paella para 20.000 personas en pleno corazón de Manhattan para dar a conocer su empresa. Una promoción agresiva y mucho dinero invertido en aparecer siempre junto a lo más granado del mundo empresarial le llevaron incluso a visitar la Casa Blanca. Fue durante una recepción ofrecida por George W. Bush con el Príncipe de Asturias como invitado de honor.
En lo más alto
Lo había conseguido. Había llegado a lo más alto. Su participación de control en Astroc elevó su fortuna personal a más de 7.700 millones de euros y le convirtió en el tercer hombre más rico de España, sólo por detrás de Amancio Ortega y la familia Del Pino.
Pero cometió un grave error que él mismo reconocería después. Nunca explicó su proyecto a los analistas. Además, la auditoría de Astroc de 2006 reveló ciertos movimientos extraños entre la propia inmobiliaria y la empresa desde la que Bañuelos articulaba sus inversiones. Y la falta de transparencia se paga. En abril, la cotización de Astroc se desplomó.
Ahí comenzaron los problemas de Bañuelos. Los rumores sobre desencuentros con el resto de accionistas fueron creciendo y, acuciado por la situación, cedió parte de su cuota de poder en la inmobiliaria a favor de Nozar. En mayo entró en escena Juan Antonio Alcaraz. Un nuevo consejero delegado al que el consejo de administración entregó todo el poder para intentar salvar los muebles. Alcaraz apostó por la transparencia, cambió de auditor y anunció la fusión de Astroc con sus participadas. Además, adelantó que la empresa cambiará en breve de nombre. Desplazado en su propia casa, el creador de la estrella fugaz más fulgurante del panorama nacional de los últimos tiempos ha preferido retirarse.






