
En esta ocasión ocurre un tanto de lo mismo pues, aunque comparte protagonismo con Jon Heder ('Napoleón Dinamita'), el guión le reserva todo un repertorio de gansadas, exageraciones y sobreactuaciones para configurar un personaje pelmazo y bastante repulsivo, lo que, por otra parte, pone de manifiesto su capacidad para reírse de sí mismo sin vergüenza ajena.
Mediante un despropósito argumental, la película intenta divertir convirtiendo a dos antagónicos patinadores de élite en la primera pareja de dos hombres en la competición artística sobre hielo. Sus diferencias pronto se convertirán en afinidades y su odio en mutuo cariño, algo que funciona de forma bastante regular. Los diálogos son absurdos y pesados mostrándose como malos compañeros de una serie de situaciones de comicidad fácil y burda en las que no falta la sal gruesa. Se salvan la ambientación y parodia que se realiza del deporte en su versión más hortera y dislocada siendo ahí donde se puede encontrar algún motivo para sonreír.






