
La artefactos, de muy escasa potencia -entre medio kilo o un kilo de amonal, según las primeras pesquisas policiales- y de fabricación casera, explotaron entre las 13.30 y las 13.52 horas cerca de las cunetas de una carretera del pirineo navarro, la NA-1370, por la que unos minutos más tarde pasó sin incidentes el pelotón del Tour de Francia, en su decimosexta etapa. El recorrido de la ronda gala atravesaba por primera vez en once años 40 kilómetros de territorio español. La anterior ocasión coincidió con el último Tour que corrió el pentacampeón Miguel Indurain.
Las explosiones, que no causaron víctimas ni daños materiales, se localizaron en el kilómetro 51,5, a ambos lados de la carretera de montaña que une las localidades navarras de Isaba y Belagua, a unos 800 metros de la frontera con Francia. Los artefactos, que estallaron en el monte, a entre 10 y 50 metros de la cuneta en sendos promontorios del terreno, levantaron algo de tierra y piedras que cayeron sobre la vía. El estallido se produjo unos minutos después de que pasase la caravana publicitaria del Tour y entre hora y media y dos horas antes de que llegara el pelotón a ese punto. La organización de la ronda francesa, tras limpiar la vía y comprobar que no había peligro ni daños en la calzada, decidió no interrumpir la prueba deportiva y los corredores atravesaron sin problemas por el monte Larraun, camino de nuevo de la frontera.
Un hombre que se identificó como miembro de ETA alertó dos horas antes de la primera deflagración a la DYA de Navarra de la colocación de las bombas en la ruta ciclista y advirtió de que iban a estallar entre la una y las dos de la tarde. El avisó hizo que parte del dispositivo de la Guardia Civil encargado de la seguridad de la prueba ciclista en Navarra se desplazase al lugar sospechoso, donde pudo comprobar que en la vía y sus arcenes no había paquete sospechoso alguno.
La Guardia Civil analiza los artefactos, montados en fiambreras, y trata de dar con los autores del atentado, que pueden haberse camuflado entre los miles de aficionados vascos, franceses y españoles que ayer acudieron a los pirineos navarros para ver en directo la etapa. Muchos habían establecido desde el martes campamentos en la ruta de Belagua. Los servicios de seguridad españoles mantenían desde hace días un dispositivo especial en la zona ante la posibilidad de que ETA utilizara el Tour para cometer una acción que tuviera eco mediático e internacional, algo previsible después de once años de ausencia de la ronda ciclista de las carreteras vascas.






