
Las fuerzas de seguridad encontraron el cuerpo sin vida de la víctima horas después en la provincia de Ghazni, con varios orificios de bala en la cabeza, el pecho y el estómago, según confirmó el general Alishah Ahmadzai, jefe policial de la región.
La preocupación por las vidas de los rehenes comenzó a primera hora de ayer con el anuncio de los secuestradores de que planeaban ejecutar a algunos de los cautivos porque las autoridades de Kabul no habían respondido a sus demandas. Los talibanes habían reclamado la excarcelación de ocho miembros de su grupo a cambio de liberar un idéntico número de rehenes, pero al no recibir una negativa por parte de los mediadores afganos, anunciaron que iban a comenzar a matarlos.
Posteriormente, uno de los miembros del equipo de intermediarios dijo que el pago de un rescate, cuyo valor no reveló, había evitado temporalmente la acción de los insurgentes y añadió que las negociaciones continuaban para lograr su liberación definitiva. Al parecer, los rebeldes habían dividido a los rehenes en tres grupos.
Mientras, líderes tribales de la zona realizan desde hace dos días labores de mediación entre las partes implicadas. Además, ayer llegó a Kabul delegación de Seúl para intentar resolver la situación. El Gobierno surcoreano ya ha aceptado la retirada sus doscientos soldados a finales de este año, una medida que, de todos modos, ya estaba prevista con anterioridad.
Las dieciocho mujeres y cinco hombres surcoreanos -uno de elos ya ejecutado- secuestrados el jueves pasado en la provincia oriental afgana de Ghazni han sido identificados como miembros de una iglesia católica que acudieron a Afganistán en misión humanitaria.






