
Sólo un día después de que los sanitarios pusieran pie en Sofía, tras ocho años de prisión en Libia, acusados de contagiar de sida a más de 400 niños y sin perder tiempo, el avión presidencial francés volaba hacia Trípoli.
En la breve visita de poco menos de 24 horas, Sarkozy y Gadafi firmaron varios acuerdos de cooperación militar, industrial y sobre el uso pacífico de la energía nuclear, que marcan el inicio de la normalización de las relaciones diplomáticas entre la Unión Europea y el régimen libio. Y los Veintisiete podrían no ser los únicos. La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, también anunció ayer su intención de visitar «pronto» el país africano. Sin embargo, muchas voces en Europa se preguntan a qué coste se ha forjado esta reconciliación.
Pese a que el propio Sarkozy negó que Francia o los Veintisiete hubieran pagado «un solo euro» para la liberación de los sanitarios búlgaros, muchas incógnitas sobre cómo se han llevado a cabo las negociaciones secretas siguen aún sin respuesta. Y pocos creen que Libia haya consentido liberar a los sanitarios sin obtener nada a cambio de la Unión Europea.
Mientras que algunos editoriales de medios europeos señalan claramente que la UE ha acabado pagando un «rescate» por los sanitarios, otros se preguntan si Bruselas hubiera actuado de igual manera de no tener Libia unas reservas de petróleo tan atractivas. Se estima que la industria petrolífera libia produce cerca de 36.000 barriles diarios con una esperanza de vida de 61 años de explotación al ritmo actual.
Está claro que tanto París como Trípoli han sabido sacar partido al feliz desenlace del caso de los sanitarios búlgaros.
La reforma económica que ha emprendido Libia, que prevé la privatización de algunas de sus industrias, supone un jugoso pastel sólo disponible para los primeros que aterricen en el país, y las empresas francesas se han puesto ya manos a la obra. La entidad financiera BNP Paribas fue seleccionada este mismo mes por Libia como posible socio de Sahara Bank en su primera privatización parcial. Francia también espera poder entrar en el mercado armamentístico libio y, en cuanto a la industria nuclear civil, Libia ha contactado ya con Areva, el gigante francés de la energía nuclear.
El país galo también espera estrechar la cooperación con Trípoli en materia de inmigración ilegal y lucha contra el terrorismo.
En cuanto a Libia, la liberación de los sanitarios búlgaros ha sido una carta que el régimen de Gadafi ha sabido jugar muy bien. Para algunos analistas, como Rachid Khshana, tunecino experto en Libia, ahora Gadafi «espera que se le abran las puertas para volver a unirse a la comunidad internacional como miembro de pleno derecho».
Las promesas
Según prometió el martes el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, la normalización de las relaciones con Gadafi se plasmará pronto en acuerdos específicos. Los Veintisiete deberán aún aprobarlo en votación, pero ya se sabe que incluirán la apertura de las fronteras de la UE a las exportaciones libias y la facilitación de visados, entre otros asuntos.
Bulgaria, por su parte, ha anunciado que condonará la deuda externa que Trípoli mantiene con Sofía, y que asciende a 40 millones de euros. Pero las familias de los niños infectados de sida, a pesar de haber aceptado cerca 730.000 euros de indemnización cada una por el contagio que sufrieron en 1999, parecen ser las únicas no contentas con la resolución del caso. Han acusado de «imprudencia» al régimen búlgaro por indultar a los sanitarios, perdón que se otorgó el mismo martes cuando llegaron a Sofía.






