
En la mayoría de los núcleos urbanos el suministro de electricidad ha podido ser restaurado, tras el intenso trabajo de los bomberos por drenar las instalaciones de las plantas eléctricas anegadas.
Mientras en algunas áreas el nivel del Támesis aún continuaba ayer subiendo, como en los alrededores de Oxford, en otras la inundación comenzaba a remitir, con la esperanza de que las nuevas tormentas anunciadas para mañana no agraven la crisis. No se descarta que nuevas precipitaciones provoquen que la crecida del Támesis acabe afectando también a Londres.
Estas últimas inundaciones en el este de Inglaterra siguen a las registradas a finales de junio y principios de julio en otras partes del país. La Asociación Británica de Aseguradores estima que el pago que deberán realizar las compañías de seguros para arreglar las casas y bienes asegurados ascenderá por lo menos a 3.000 millones de euros.
Víctimas de las inundaciones han sido dos gemelos recién nacidos, que tuvieron que ser evacuados con su madre por un helicóptero de la Royal Air Force en la ciudad de Tewskesbury. Con su casa incomunicada, la mujer embarazada avisó al servicio de emergencias de un hospital, que pudo desplazar por aire a un equipo de socorro para que diera a luz en el domicilio. La madre y los gemelos fueron trasladados después a un hospital, donde los bebés fallecieron.
Debate político
El primer ministro, Gordon Brown, presidió ayer una reunión del comité Cobra, el gabinete de crisis para las situaciones de emergencia. De momento, la catástrofe no está siendo utilizada en el debate político. La oposición acepta que las inclemencias del tiempo no son del todo previsibles, aunque está esperando a lanzarse contra el Gobierno si falla en la respuesta a la crisis.
Mientras Gran Bretaña sufre las peores inundaciones, la canícula que está causando estragos en el sureste de Europa, con temperaturas superiores a los 40 agrados, ha dejado ya 30 muertos en Rumanía y causado incendios en Macedonia, Serbia, Grecia e Italia.






