
El auge de su negocio rebasó pronto la capacidad de sus naves en la población cerrajera, y, al igual que otros emprendedores no menos ilustres, como Juan Arregui y Juan Celaya, trasladó su actividad a Álava. Realizó la mundanza en 1975, unos años después de que sus paisanos fundaran en Vitoria las compañías Arregui SA y Cegasa. Y, lo que es más resaltable, lo hizo de manera más reservada. En 1970 había adquirido 300.000 metros de terreno en Legutiano, frente a la carretera que une Vitoria y Bergara, a un paso del puerto de Arlaban, que desciente del altiplano alavés al valle del Deba. Allí, de una forma casi anónima, sin hacer ruido, inició una expansión imparable.
Las razones del éxito de Condesa, como se indica en un perfil de la compañía publicado por la Cámara de Comercio de Álava, es la calidad de su fabricación, que en los años ochenta completa el tubo con otros derivados siderúrgicos, como la chapa, los perfiles abiertos y los flejes. El responsable de comercio exterior de la Cámara, Eduardo García Aguinaga, añade «la avanzada automatización de sus procesos», y explica que a mediados de los noventa incorporó una máquina de soldar con la mayor capacidad de manipulación de estructuras de Europa.
Condesa podría pasar desapercibida a muchos industriales vascos en su rincón de Legutiano, pero no a Usinor Sacilor, la primera siderúrgica europea antes de la creación de Arcelor, que en 1992 decidió entrar en el grupo alavés. Doce años más tarde, en 2004, la familia Iribecampos -ligada por enlace matrimonial con la de Uribarren en los últimos tiempos- es la que devuelve el golpe. Adquiere todas las plantas tuberas que tenía Arcelor en Europa.
El paso dado entonces por Condesa, impulsado por la bonanza económica española -una de sus principales áreas de negocio es la construcción y las obras públicas-, fue decisivo. En menos de cuatro años pasó de tener tres fábricas , todas ellas ubicadas en España, a controlar una docena repartidas por Europa y el norte de África. El enorme estirón ha mutiplicado por cuatro su plantilla -de 500 a 2.200 personas-, y por diez sus ventas. De los 100 millones de euros que facturó en 2003, ha llegado ya a un cifra anual de 1.000 millones.






