
Lo cierto es que desde que hace un año la Diputación decidiera cerrar las puertas del comedero, diferentes plataformas han expresado su disconformidad con la medida. Se quejan de que, debido a la falta de alimento, las aves atacan «con insistencia» a los animales más débiles. Pero todas las agrupaciones que han defendido esta tesis están ubicadas fuera del entorno de Las Encartaciones. «Han protestado desde Villasana de Mena, Cantabria y ahora, desde la cuenca minera. Estamos hartos de estas críticas, ¿por qué no piden que se construya un muladar en su territorio?», se pregunta Juan Antonio Sainz, presidente de la Asociación de Ganaderos de Carranza.
Y es que para esta plataforma, el comedero era el detonante de múltiples problemas para las cabezas de ganado que pastaban por el valle. El censo de buitres al completo se concentraba en los montes de la zona. «Era como su casa y no se movían a otros lugares», recuerda Sainz, que define la situación que soportaban como «lo más parecido a una plaga».
Nuevas movilizaciones
Los animales estaban acostumbrados a «tener comida de manera fácil en el complejo foral». Pero estos alimentos no eran siempre suficientes y los buitres se ensañaban con las crías y las vacas recién paridas. «Los ataques han existido toda la vida, la diferencia es que antes sólo los sufríamos nosotros y ahora también los padecen otros ganaderos», sostiene el presidente del colectivo.
La solución al problema, desde su punto de vista, consistiría en reducir el número de aves carroñeras censadas en la comarca. Pero nunca en reabrir el comedero. En ese caso, la asociación saldría a la calle para transmitir a las instituciones su postura. «Creemos que se han reproducido más de lo que deberían, pero no estamos a favor de que los maten, sino de que se marchen a otros lugares», apostilla Sainz.








