
RESULTADOS:
Hacía veinte años que un Gobierno en ejercicio no ganaba las elecciones en Turquía y desde 1954 ningún primer ministro había aumentado el apoyo popular en su segundo mandato. La victoria de Erdogan puede considerarse histórica. Sin embargo, vistos los resultados definitivos, el Parlamento se ha quedado igual de complicado que estaba, y al AKP le falta ahora una treintena de diputados para elegir al presidente de la República a su gusto, lo cual es una paradoja teniendo en cuenta que los turcos han votado por la estabilidad. Yusuf Kanli, un conocido comentarista, ya advertía que «si en este nuevo período Erdogan no decide aplacar las tensiones, reconciliarse con la oposición laica y los militares en el asunto de la elección del presidente del país, las tensiones en el país pueden a niveles peligrosos».
La oposición laica, empezando por el Partido Popular Republicano (CHP), ha recibido un grave varapalo, y bastante tendrá con lamer sus propias heridas para pensar en otra cosa. Hasta en Esmirna, donde su principal dirigente Deniz Baykal tiene siempre los mejores resultados, se ha colado con fuerza el AKP de Erdogan. En el CHP se multiplicaban ayer las peticiones de dimisión de Baykal, mientras que los seguidores islamistas de Esmirna le gritaban: «Vete nadando hasta la isla de Rodas». Los ultras del Movimiento Nacionalista (MHP) tampoco estaban felices con el resultado, a pesar de que han logrado volver al Parlamento: «Estábamos preparados para dirigir el país y reparar los daños que ha causado la gestión del AKP, pero nuestro pueblo nos ha premiado con la tarea de la oposición», resumió la situación su líder Devlet Bahceli.
Cabeza de lanza
Así a que a Erdogan sólo le quedan los kurdos, que han logrado colocar una cabeza de lanza con sus candidatos independientes. El AKP ha tenido también unos resultados magníficos en lugares como la provincia de Diyarbakir, el feudo tradicional del nacionalismo kurdo, donde casi la mitad de los votantes ha expresado su esperanza de que sea Erdogan quien resuelva sus inquietudes identitarias. Los kurdos de Turquía han sido tradicionalmente muy rigurosos en lo religioso -hasta que una parte prefirió unirse a los terroristas como una causa de la izquierda- y, sobre todo, tienen en común con el actual Gobierno su aversión al kemalismo tradicional.
A propósito de kemalismo, la semana que viene está previsto que se reúna el Consejo Militar Supremo, que debe decidir los nombres de los nuevos comandantes y empezar a preparar la sucesión del jefe de Estado Mayor, el general Yasar Buyukanit. Se considera que este encuentro, al que asiste el primer ministro, será la clave del futuro político del país.
Los ministros europeos de Asuntos Exteriores enviaron desde Bruselas felicitaciones a Erdogan y sin excepción le animaron a continuar con las reformas. Por ahora, Europa debe ser la última de las preocupaciones de los políticos turcos.






