
La metamorfosis de Zubeldia. Lenta. Su primer triunfo, el último, data de 2000, de la Euskal Bizikleta. Después todo han sido puestos. Buenos, pero ocultos. Hasta fue quinto del Tour 2003. Su cima. En octubre de 2006, firmó su renovación con el Euskaltel-Euskadi sentado en un diván. Igor González de Galdeano, secretario técnico, quería voltearle la mentalidad. Enseñarle a conjugar el verbo 'atacar'.
Fama de conservador
«Ya sé que tengo esa fama de conservador. Pero siempre digo que también las piernas tienen que ayudar», matizaba ayer en la meta de Loudenvielle-Le Louron. Se sentía nuevo. En otra piel. Le había dado la luz de los Pirineos. Ante los suyos: «La afición ha estado de 'chapeau'». Por fin dejó de ser un corredor a base de inercia y se dejó tentar por la combustión.
Lástima de compañía. De Vinokourov. «Cuando sale, se sabe que es para acertar. Le he vigilado. Iba a su rueda. Pero tiene esa arrancada...». Zubeldia es progresivo. No se va; no se queda. Ha estado años apostando sobre seguro. Fondo de inversión a largo plazo. Ahora le han pedido que gire la ruleta. A la tercera bola, se ha situado en primera fila del casino.
«El equipo funciona y algún día nos llegará el premio». Es el deseo del séptimo de la general. El décimo es también del Euskaltel-Euskadi: Mikel Astarloza. Corre a su manera. Duele verle. Se quedó en el col de Balés. Le escoltó de nuevo el gregario-modelo, Rubén Pérez, y al final se rehízo. Llegó con Evans, Valverde, Sastre, Kloden y Leipheimer. Sólo por detrás de Contador y Rasmussen. «Es mi estilo de vida en este Tour», bromeaba. Sufrir. «En Balés iba incómodo y luego mira, he recuperado». Al borde, pero sin reventar. Y aún le queda un soplo: «En la próxima etapa habrá que dejarse la piel». La de Navarra.







