
EL PERFIL
-¿Por qué terminan en su orfanato?
-La primera causa es la muerte de uno o de sus progenitores, por accidentes u otras circunstancias o porque están hospitalizados. Luego, porque el Gobierno les retira la patria potestad al descubrir que los niños están en malas condiciones.
-¿Por qué hay tantos orfanatos en Rusia?
-Es un problema social, estatal; muy difícil de explicar.
-¿Cómo llegan los pequeños?, ¿cuál es el primer paso con ellos?
-Los trabajadores del orfanato intentan hacer lo posible para que se adapten bien. Es duro para ellos, acaban de perder a su familia.
-Necesitarán mimos.
-La mayoría de los empleados son mujeres y les ofrecen cariño y cuidados. Somos casi como sus madres, incluso nos llaman así: 'mami'.
-¿Su objetivo final será encontrarles una familia?
-Sí, esa es la misión principal y hay tres vías para hacerlo: la adopción, el acogimiento temporal, como están ahora en Vizcaya, y el definitivo. Hay hogares que han adoptado hasta ocho niños. Cuanto más pequeños, mejor para adaptarse.
-¿Hay hermanos entre los internos?
-Sí, y se ofrece la opción a la familia de adoptarles también para que no se separen. Se acaba de aprobar una ley en Rusia que intenta reducir el número de orfanatos, e incentiva a familias para que acojan a más niños. Hace unos años teníamos más de cien huérfanos, ahora sólo 75 y en septiembre habrá 50.
-¿Cuántos han encontrado hogar este año?
-Alrededor de 15 o 20. Algunas familias de acogida en verano deciden después adoptarles.
-¿Cree que un menor ruso puede adaptarse fácilmente a vivir en una casa en el País Vasco?
-Es una buena oportunidad para ellos. Intentamos que puedan venir el máximo número de niños. Me gustaría dar mi agradecimiento a las familias de acogida vizcaínas y a la asociación Kainabera.
-Llegaron el pasado 13 de julio y se irán el próximo 1 de septiembre. ¿Cuántos niños han venido?
-143 niños rusos en total; de mi orfanato 13.
-¿Y qué tal están?
-Los que vienen por segunda, tercera y hasta por quinta vez están 'superbien'. Hasta saben hablar euskera y castellano. En el avión, en el tren y cuando vuelvan allí seguirán conversando en castellano entre ellos. Las familias son muy serias, les cuidan muy bien. Algunos tienen sus propios hijos, y no hay diferencia en el trato con unos y con otros. Me suelo reunir con ellos cada cierto tiempo.
-¿Cuántos años tienen el menor y el mayor del grupo?
-El mayor, 14, y el más pequeño, 6.
-¿Qué es lo que más les sorprende cuando vienen por primera vez?
-Los paisajes verdes, los campos, las montañas les encantan, y el océano, el mar. Es una cultura nueva.
-¿Y qué echan de menos?
-Los que vienen por primera vez añoran Rusia, echan en falta a sus amigos, el idioma porque no saben hablar castellano, sólo eso. Pero como son bastante listos, aprenden rápido.
-Para ellos serán como unas vacaciones.
-Sí, juegan al fútbol, se pasan el día en la piscina, con la bicicleta. Regresan morenos. Si tienen algún problema de salud, los padres de acogida les llevan al médico, hacen todo lo posible por que estén bien. Les llevan con ellos al extranjero, a pasar unos días a Alicante, Valencia...
-¿En qué localidades vizcaínas viven?
-En Elorrio, Bilbao, Getxo, Durango, Sopelana...
-Y la comida, ¿les gusta?
-Les cuesta adaptarse al jamón. Con las comidas que también se ponen allí, como los macarrones, la pasta en general, el queso, no hay problema. Pero luego cuando vuelven quieren comer jamón. Las familias les envían paquetes con los platos que más piden y libros en castellano... y les escriben cartas.
-Y usted, ¿qué tal está en Elorrio?
-Es la tercera vez que me invitan, y sinceramente este año ya no me lo esperaba, así que estoy encantada, para mí también son unas vacaciones. Ya me conocen en Elorrio. Me gusta la gente de aquí, que intenten conservar sus costumbres. Ayer vimos una representación de una boda tradicional vasca y estuvimos sacando fotos. Las fiestas también son interesantes.
-¿Cómo se selecciona a los niños?
-A algunos les invitan las familias año tras año. Luego nos dicen cuántos más pueden venir y elegimos entre niños de seis a diez años. Cuando salen por primera vez, les cuesta. Luego están todo el año esperando este viaje. Para ellos es lo más importante.
-¿Le da pena cuando vuelan del nido?
-Me hace feliz lo que es mejor para ellos. Vigilo el estado del niño y que haya encontrado una verdadera familia, no importa que sea rusa o vasca si hay cariño. Si el niño está bien, Nina también. Hago un seguimiento especial cuando cumplen 18 años y tienen que dejar el orfanato, al principio vienen a verme. Si son estudiantes se quedan en una residencia y vienen a pasar las vacaciones conmigo. Tres van a entrar este año en la Universidad, dos a Ingenieros y el tercero será militar. Estoy muy orgullosa, lo considero el resultado de mi trabajo.
-En España la palabra orfanato tiene una connotación negativa.
-A los niños no les gusta. Cuando hablan de él dicen el nombre del pueblo en el que está.
-Las imágenes de niños maltratados, desnutridos... en orfanatos han recorrido el mundo. ¿Qué siente al verlas?
-Me impresionan, se me caen las lágrimas. En la provincia de Volgogrado nunca ha habido un escándalo, el comité de Educación cuida a los niños.
-¿Tiene hijos?
-Sí, dos chicas de 34 y 24 años, y un nieto de ocho años, que se llama Iván.








