Un 'hiyab' puede costar menos de tres euros en el mercado de la mezquita de Haci Bayram, considerada como la más radical de Ankara, o en cualquiera de los mercadillos del barrio popular de Ulus, donde el mes pasado pusieron una bomba. Se puede decir que para seguir las modas, los hay de todos los colores. Muchas mujeres turcas lo han llevados todos estos años por tradición -o por imposición tradicional paterna-, pero desde que el islamismo se ha convertido en bandera política, su símbolo más poderoso es el pañuelo.
Y de hecho, la actual crisis política se desencadenó, en palabras de varios observadores de la vida turca, porque los militares se negaron a aceptar que el Parlamento pudiera elegir a un presidente de la República cuya esposa vistiera 'hiyab'. Hasta ahora, el actual presidente, Ahmed Sezer, no ha querido ni siquiera invitar a actos sociales al primer ministro ni al ministro de Exteriores, porque las esposas de ambos vendrían cubiertas, cuando la ley prohíbe estrictamente su uso en los edificios y dependencias oficiales. ¿Puede ser éste un impedimento para inhabilitar la posibilidad de un ciudadano turco de ser presidente de la República? Tal requisito no está escrito en ninguna parte, pero todo el mundo sabe que si la esposa del presidente de la República vistiera el 'hiyab' en el Palacio de Cankaya, no habría quien contuviese la marea de pañuelos en todos los demás recintos oficiales, incluyendo la universidad, donde se producen las polémicas más recurrentes.
Probablemente por esto mismo, Erdogan no ha incluido en esta ocasión en su programa electoral la revocación de la ley que obliga a las estudiantes a quitárselo antes de entrar en el recinto universitarios -algunas para no tener que hacerlo, se lo tapan con una peluca que se ponen encima, en el colmo del disimulo-. Al menos en esto, el primer ministro ha reconocido que «todavía no hay consenso en la nación» para este cambio. Para cambiarlo así, es posible que no, Pero a nadie se le puede ocultar que ésta es una parte muy importante del pulso político entre los militares y el partido en el poder y su electorado más islamista. El día que una mujer con la cabeza cubierta con el 'hiyab' se convierta en primera dama, significará que muchas cosas habrán cambiado para Turquía.






