
-¿No tuvo paro?
-No, tuve mi primer trabajo a los 24 años, en el área de Cultura del Ayuntamiento de Tolosa.
-O sea, que es un mito que las carreras de letras tienen menos salidas.
-Hombre, son difíciles. Tengo compañeros de carrera que hoy son auxiliares administrativos, pero también tengo a Miguel Zugaza en el Prado. Cada uno debe estudiar lo que le gusta.
-¿Qué sentido tiene que las empresas coleccionen arte si nadie lo ve?
-Todo el sentido. Primero, es una exigencia de aportación a la sociedad; segundo, tiene un componente de inversión, y tercero, es mejor tener colgado un cuadro que una pared blanca en un despacho.
-¿Quién más puede coleccionar?
-Una cosa es comprar y otra coleccionar. Comprar puede hacerlo cualquiera, porque gracias a la fotografía y a las obras seriadas hay piezas por 150 euros. El coleccionista ya es otra cosa, es un apasionado y algunos lo son por un afán de acumulación que puede ser enfermizo.
-¿Y qué aconseja usted comprar?
-No lo hago nunca desde que ocupo este puesto.
-La palabra 'feria' ligada a 'arte', ¿es quizá la expresión más brutal de que éste es una mercancía?
-El arte existe por una necesidad humana, pero además es un mercado. Y gracias al mercado los artistas pueden crear.
-¿Cuánto cuesta el arte?
-Como en todo mercado, hay oferta y demanda. Una obra vale lo que alguien pague por ella. La novedad es que en los últimos años el precio lo están marcando las subastas, que antes tenían un papel casi marginal.
-La Diputación de Vizcaya no quiso ocupar su 'stand' institucional en 2007 y adujo que le habían colocado al lado del WC. ¿No es el mejor sitio, el más concurrido?
-Claro que el sitio es bueno y siempre lo ocupa alguien. Ésa no fue la razón real, pero no me gusta hablar de este asunto. Sólo puedo decir que tuve el apoyo total de los museos, de Javier Viar y de Juan Ignacio Vidarte.
-Es la tercera mujer que dirige Arco. ¿Es casualidad?
-Ha habido tres directores, mujeres las tres. Pero es anecdótico, podía estar un hombre en este puesto.
-¿Y cómo explica la presencia de vascos al frente de Arco, del Prado y del Reina Sofía?
-Lo mismo. Son las personas las elegidas, no la procedencia.
-Una historiadora dirigiendo una feria y algún gerente dirigiendo un museo. ¿El mundo al revés?
-Je, je... Museo o feria, o hay una dirección bicéfala o hay que buscar personas que combinen conocimiento artístico y buena gestión. Y es difícil, no somos tantos.
-¿Se había imaginado a sí misma como una alta ejecutiva?
-Cuando estaba estudiando, no. Pero la vida me llevado al campo comercial, a las galerías, para acabar en la gran feria de las galerías.
-¿Recibe presiones para estar en la feria?
-Je, je... No, no como tales. Cuesta seleccionar doscientas entre seiscientas solicitudes, aunque al menos cien son obvias y otras cien se descartan de antemano. Para las otras cuatrocientas galerías es muy importante estar en Arco y se mueven para lograrlo, pero su presión son los 'dossieres' que presentan... llaman... se preocupan... Pero yo no lo noto como una presión.
-¿Cuesta conciliar la vida de ejecutiva y la familiar?
-Sí, cuesta, cuesta. Tengo a mis hijos en San Sebastián y voy allí todos los fines de semana. Pero el problema no es esa distancia, sino mis horarios de trabajo aquí en Madrid.
-¿Y...?
-Trato de que sean de máxima calidad los momentos que paso en casa.
-¿Y en qué es mejor?
-Me gustaría, desde luego, ser mejor madre, la mejor madre.
-¿Con qué disfruta en su tiempo libre?
-Me encanta el cine, sobre todo. Me acostumbré desde joven a ir a todos los pases del festival. También me gusta leer, el monte, veranear en Asturias... y el mar. Soy de las que se bañaba todo el año en La Concha, aunque no de las que iban también con nieve.
-¿No le gustaría dirigir un gran museo?
-Creo que no tengo el perfil. Un museo tiene que dirigirlo alguien con mi formación, sí, pero con otra trayectoria. A mi edad ya...
-¿...?
-Bueno... sí me gustaría. Pero mi proyecto ahora es Arco y quiero hacer el mejor Arco.






