Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Economía

ECONOMÍA
El Santander, un banco de autor
La entidad financiera cántabra, que cumple 150 años desde su creación, se ha aupado hasta el décimo puesto en el ránking internacional
22.07.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El Santander, un banco de autor
La primera oficina, en la calle Martillo, abrió sus puertas en agosto de 1857.
Estamos en un año de celebraciones financieras. Primero fue el BBVA y ahora es el Santander el que cumple 150 años. Al igual que en el caso del banco vasco, fue un grupo de comerciantes, en este caso cántabro, el que impulsó la creación de una entidad financiera en 1857.

Fueron 72 hombre de negocios afincados en Santander los 'culpables' del nacimiento del banco. Necesitaban una entidad sobre la que apoyar sus operaciones, principalmente vinculadas al comercio con las colonias españolas de ultramar, de la que conseguir créditos y también en la que tramitar las letras de cambios y otras operaciones típicas de su actividad. Visto sin perspectiva histórica, el capital fundacional de aquel banco puede resultar irrisorio: 5 millones de reales. Transportado hasta nuestros días, unos 7.513 euros, poco más de un millón de pesetas.

Aunque la Reina Isabel II concedió la autorización a sus promotores en mayo de 1857, no sería hasta el mes de agosto de aquel mismo año cuando la entidad iniciaría sus actividades, en la primera oficina ubicada en la calle Martillo.

Quizá alguien pueda pensar que siempre ha habido un Botín al frente del Santander. Pues no es cierto. Juan Pombo fue el primer presidente y no sería hasta 1895 cuando se inició la saga familiar que se ha extendido hasta la actualidad. Ese año fue nombrado director gerente Rafael Botín Aguirre, hermano del bisabuelo del actual presidente.

Comprar sí, vender no

Ya en aquellos años, la entidad demostró buena parte de la personalidad que ha demostrado en las dos últimas décadas. En 1874, cuando el Banco de España asumió la exclusividad en la emisión de moneda, el banco cántabro rechazó una oferta de integración en la esfera pública. También rechazaría unos años más tarde la fusión con el Banco Mercantil, surgido a finales del XIX en Santander, precisamente, para hacerle la competencia. Las crónicas de la época aseguran que en 1900 era el banco más rentable de España, a pesar de ser uno de los más pequeños.

Ha sido siempre un 'banco corcho', capaz de mantenerse a flote en circunstancias económicas y políticas cambiantes. Supo sobreponerse a la pérdida de las colonias y con ello a la pérdida de buena parte del negocio ligado al comercio; sorteó sin excesivos problemas la guerra civil -a diferencia de otras entidades con mayor dispersión geográfica, sus sucursales no quedaron divididas en dos bandos-, tuvo un desarrollo aceptable durante los años de dictadura franquista y ha alcanzado su pleno desarrollo en la democracia.

Fue a partir de 1950 cuando se produjo el auténtico despegue del banco, la carrera acelerada en el proceso de expansión, también internacional, y el protagonista del proceso desde la presidencia fue Emilio Botín Sanz de Sautuola, padre del actual presidente. Comenzó entonces un tímido pero imparable proceso de absorciones -primero el Banco de Ávila, más tarde su principal competidor, el Mercantil de Santander-, hasta convertirse a finales de aquella década en la séptima entidad financiera española.

En aquellos años se acuñó una frase que ha pasado a ser famosa y que, aseguran, sigue plenamente vigente, para definir el poder omnímodo de la saga familiar: «en el Santander, sólo hay Botines y botones».

La revolución

Pero el sello personal, la identificación entre presidente y empresa alcanzaría su máximo punto de desarrollo a partir de 1986, cuando Emilio Botín Sanz de Sautuola y García de los Ríos -ya en el primer documento oficial que firmó en el banco decidió 'compactar' el nombre para dejarlo en Emilio Botín Ríos-, tomó las riendas y se dispuso a iniciar una carrera de Fórmula 1 en la que todavía no ha pisado el freno.

Aprendió rápido que el futuro del Santander había que jugarlo en el terreno nacional, pero también en el internacional. En 1988 alcanzó una alianza con el Royal Bank of Scotland que aunque no llegó a cuajar del todo le serviría para aprender mucho del mercado anglosajón, hasta llegar, como quien dice antes de ayer, a hacerse con el control del británico Abbey National Bank. También emprendió la aventura latinoamericana y desató una auténtica tormenta comercial.

En 1989, el Santander rompió la tradicional parsimonia y complacencia del mercado bancario español -reflejada en aquellas fotos de todos los presidentes reunidos para comer, que más parecían una cuadrilla de amigos que líderes de empresas competidoras- porque, simplemente, quería ser el más grande. La 'supercuenta', la cuenta corriente que ofrecía tipos de interés hasta entonces sólo conocidos en las imposiciones a plazo fijo, fue el primer misil lanzado desde el Santander para iniciar lo que entonces se denominó la 'guerra del pasivo'.

El asalto final hacia el primer lugar del ranking español comenzó en 1994, como siempre, con una maniobra que todos los analistas calificaron en un primer momento como excesivamente audaz y arriesgada. La compra de Banesto tras el proceso de saneamiento al que había sido sometido por el Banco de España -después de desalojar a Mario Conde y a su equipo directivo- fue probablemente la clave para transformar un modesto banco regional en un gigante nacional y más tarde internacional

La 'llama' del Santander

En 1999 Botín dio otro certero golpe de 'drive' -su handicap 11 de golf le sitúa entre los buenos jugadores 'amateur' de este deporte-, para aprovechar la oportunidad que se presentaba en el mercado, ante la posibilidad de 'emparentar' con un renqueante Central Hispano. Con la habilidad del gato que caza ratones en un descampado, lento, sin hacer prácticamente ruido, esperando a que sean los demás los que realicen un movimiento erróneo para saltar sobre ellos, Botín ha conducido aquella fusión que planteó «entre iguales», hasta el lugar donde él quería. No hay que hacer muchos esfuerzos analíticos para darse cuenta de ello. Basta con observar cómo la imagen corporativa de la entidad, que ha pasado por varios estados intermedios durante los últimos años, ha vuelto a donde Emilio Botín quería: a utilizar como único nombre el de su ciudad, Santander; a que el rojo sea el color identificativo y a colocar su antiguo logotipo de la llama en un lugar destacado.

El banco y su presidente siguen de carreras. No sólo porque ha entrado como 'sponsor' del equipo McLaren-Mercedes y de varias pruebas del mundial de Fórmula 1, sino porque mantiene viva la estrategia de crecimiento. Esta última temporada la 'caza' se desarrolla en Holanda, donde junto a otras dos entidades financieras, Fortis y el Royal Bank, el Santander intentar hacerse con el control del ABN Amro. Y no será la última.
Vocento
SarenetRSS