Cuando se realiza una subida en bici, entendiendo por subida algo que obligue al ciclista a ir a menos de 18-19 k/h, el factor fundamental de resistencia es la acción de la fuerza de la gravedad. Establecemos un límite de velocidad, por que a partir de esas velocidades, la resistencia aerodinámica se alía con la gravedad para frenar al ciclista, lo cual confiere desventaja al que va en cabeza y desigualdad a la comparación. Por lo tanto cuando las velocidades son menores, todos los ciclistas para ir a una velocidad realizan exactamente el mismo esfuerzo. Ahí es donde podemos aproximarnos a valorar si se está, como valoración global independiente, rindiendo más o menos, por que nadie se aprovecha de nadie. A partir de esta premisa medimos cuantos metros verticales - no confundir con lineales, hablamos de diferencia de altitud- sube el ciclista en una fracción de tiempo. Este factor de conversión nos permite, por ejemplo, comparar la intensidad real de dos grandes puertos distintos.
Como indicadores de referencia podemos aportar algunos valores que se han registrado en los puertos míticos de las grandes vueltas en estos últimos años. Solo ciclistas muy señalados superan los 30 metros verticales por minuto durante toda la ascensión. Los que se descuelgan de los mejores intentando no perder comba, lo hacen entre 25 y 28 metros verticales por minuto, y los últimos del autobús, apenas bajan de 22. A partir de ahora, con tan solo un perfil detallado de etapa y un reloj, cualquier aficionado podrá tener una información bastante fiable sobre la intensidad de esfuerzo que realiza cualquier ciclista en el puerto estrella, siempre y cuando la televisión esté por la labor, claro está.







