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El sexo de los vascos
El primer Salón Erótico de Euskadi congrega en su inauguración a un público mayoritariamente masculino
21.07.07 -
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El sexo de los vascos
ESPECTÁCULO. Barbara Vamp ejecuta un baile en uno de los escenarios. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Un Salón Erótico entremezcla el ambiente comercial de una feria, con sus stands y azafatas, y la testosterona de una despedida de soltero que remata la noche en un bar de alterne; en vez de cargar con folletos, el público recibe preservativos gratis. Euskalsex, el primer Salón Internacional Erótico del País Vasco, abrió ayer sus puertas en el bilbaíno Pabellón de la Casilla, el entorno menos lujurioso que imaginarse pueda. Cicciolina cortó la cinta con los colores de la ikurriña y posó indolente para el centenar de periodistas acreditados. Casi parecía el festival de San Sebastián.

Desvestida de azul eléctrico y bañada en purpurina, a medio camino entre una patinadora sobre hielo y la presentadora de un circo, la ex diputada italiana apareció con su osito y sí, se descubrió los pechos. No llegó a la sinceridad de una compañera que imitó su desnudez y precisó: «Son nuevos». Cicciolina rogó «paz, amor, no a la guerra» y remitió con ánimo mercantilista a su página web. Vigilada de cerca por su representante Raimundo -casi un extra de 'El padrino'- la actriz imitó a Umbral y remitió al libro que acaba de publicar en Italia: «El que quiera saber de mí, que lo compre». A su lado, chupaba foto la 'porno star' Melany Moore, otra representada de Raimundo.

Entre los dieciséis expositores de este Expoconsumo del sexo, Jaime Martínez ordena el de Vendiocio con el mimo de un tendero. Películas X: 'Las porno chachas 3', 'Por detrás me gusta más' A cuatro euros la unidad. Vibradores ciclópeos. «De silicona», precisa. «El PVC ya no se lleva». Vendiocio es barcelonesa, como la mayoría de mayoristas para sex-shops que acuden a las ferias «cada vez más numerosas». Jaime vende lubricante comestible con sabores, consoladores que refuerzan la musculatura, «aberraciones» de las que desconoce su utilidad y un patito de goma que cuesta 18 euros. Flota en la bañera y vibra.

En cuadrilla

En Euskalsex también es posible comprar un colgante de plata con el logo de Playboy (49 euros), tatuarse, husmear entre libros eróticos de la muy reputada editorial Taschen y sumergirse en el proceloso mundo de las parafilias en DVD. Sin embargo, el periplo comercial es breve. «Esto es muy pequeño, nada que ver con los salones de Madrid o Barcelona», lamenta Iñaki, un bilbaíno -cómo no- protegido por su cuadrilla. Ha venido «a pasar el rato». Todos agarrados a un katxi: hay txosna en la puerta.

Tampoco importa mucho que los expositores se ventilen en cinco minutos. Los 20 euros de la entrada se pagan para asistir a espectáculos de sexo en vivo. Cuatro escenarios repartidos por la cancha acogen shows cada diez minutos. Se atenúan las luces, enmudece la música chunda-chunda y la multitud se desplaza armada de móviles y cámaras. Bailarinas y actrices porno otorgan una nueva dimensión al primer plano.

Espectaculares piruetas en una barra, como las 'showgirls' de Las Vegas, y strip-teases que no acaban cuando se arroja la última prenda. Esto es porno duro. Y los primeros curiosos reconocían que, efectivamente, «no son nada 'light'», como resume Jose María -también en cuadrilla-, al que ni siquiera le parece pequeño el recinto: «Para ser la primera vez ». A él le ha movido «la curiosidad».

Carlos Resa, director de Euskalsex, jura que a estos certámenes también acuden chicas, pero ayer ganaban ellos de calle. Jovencitos en manada y veteranos que escrutan carátulas en DVD con la gravedad de un filatélico. Resa intentó traer a la gloria nacional del género, Nacho Vidal, «pero está en líos de juicios y paternidades». Las 'starlettes' se bajan del escenario para subirse a la 'fotocama' y dejar que los aficionados pasen un poco de vergüenza. Su desparpajo contrasta con el aire entre asombrado y furtivo de los bilbaínos. Aquí tienen un filón los de 'Vaya semanita'.
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