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La moda nos trae de cabeza
Sombreros, gorras, diademas... La fusión entre Oriente y Occidente es cada vez mayor. Este verano toca enfundarse el turbante Firmas como Prada, Lacoste y Kenzo apuestan fuerte por esta tendencia
21.07.07 -
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La moda nos trae de cabeza
La cantante Eryka Badu.
Accesorios tan exóticos y evocadores como los turbantes no hay muchos. Las babuchas, quizá, comparten ese toque a 'Las mil y una noches' que hace volar la imaginación hacia lujosos palacios orientales y genios que salen de lámparas maravillosas. Ahora, en cambio, los diseñadores occidentales han rescatado del olvido un tocado que durante décadas se ha limitado al 'atuendo-toalla' que se utiliza al salir de la ducha para secarse la cabeza, al estilo del que llevaba Audrey Hepburn (Bélgica, 1929-Suiza, 1993) en 'Desayuno con diamantes' en esa escena en la que la actriz toca la guitarra y canta 'Moon river' en la ventana de su apartamento.

Y aunque en algunas culturas el turbante sea, y es, una prenda utilizada desde tiempos milenarios para proteger de la exposición directa del sol y en otras una vestimenta con fuertes connotaciones religiosas y sociales, llega a las tiendas como un ornamento de lo más 'chic'. De fenómeno curioso lo tildarán algunos musulmanes, árabes y habitantes de pueblos africanos, puesto que esta pieza de tela forma parte de su tradicional ropaje. «Se llevan los turbantes, las melenas planchadas de estética afro y los maquillajes en tonos tierra. El 'look' safari y el oriental, en una palabra», explica Ana Morales, especialista en tendencias de Vogue. Es la imagen de las mujeres de algunos países africanos, ornamentadas con numerosas ajorcas, pulseras, collares y velos que les cubren desde los hombros, o con pañuelos de cabeza envueltos como los turbantes.

Al estilo de Grace Kelly

«La moda empieza por la cabeza», confirma la estilista Lorena Fernández. «Sombreros de vaquero hechos con paja, pamelas, diademas y cintas para el pelo, que son más cursis que los gorros. Si se opta por el tradicional pañuelo, la forma de atarlo es al estilo campesina y, sobre todo, en cinta ancha o en turbante». La experta entiende que es una prenda «difícil de asimilar». Propone, por ello, un escenario como «la playa para utilizarlo como toque único de distinción».

Así, vestida con turbantes de felpa y bañador tomaba el sol en la playa la actriz estadounidense Grace Kelly (1929-1982) tras casarse con el príncipe Rainiero. Dicen que seguía esa proclama, 'liberación', con la que Yves Saint Laurent había nombrado su colección de primavera/verano en 1971. El diseñador dispuso entonces sobre la pasarela turbantes atados a la cabeza dibujando elegantes formas.

Hoy por hoy, la firma Lacoste ha optado por emplear el turbante como complemento a los biquinis, «de forma algo casual y desenfadada». Con una flor en la frente lo ha enriquecido la diseñadora japonesa Tsumori Chisato. Inspirado en el turbante hindú, atusándolo con un broche en su parte central, lo resuelve Ralph Lauren. En brillante satén con drapeados estratégicos para otorgarle una forma «más poética» los diseña Miuccia Prada, la principal impulsora de esta tendencia. Los estructurados tocados que llevan las mujeres de Nigeria, Ruanda y Sierra Leona han servido de inspiración a Kenzo y Moschino Cheap & Chic, que han hecho unos voluminosos tocados con telas de vistosos estampados. En forma de lazada los ha hecho en otras temporadas la diseñadora Amaya Arzuaga...

Julio César Aguilera, profesor de estilismo en el Instituto Superior de Diseño de Barcelona, cree que «más allá de modas pasajeras o caprichos de los estilistas más arriesgados», la utilización de esta prenda se inscribe en lo que él denomina «neocomunión; el empleo de indumentarias típicas o étnicas en el mundo occidental». Es decir, es algo así como la orientalización de occidente, cuando lo habitual hasta ahora era que se diera el fenómeno contrario. «Tiene que ver con una sinergia simbólica entre miembros de diversas culturas. Los turbantes están inscritos en esta fusión intercultural que opera no en el campo de compartir las geografías de origen, sino en el del simbolismo. Y no por casualidad se experimenta con mayor fuerza en los occidentales», opina el experto.

Sin embargo, sabe que, en la práctica, «sólo las mujeres atrevidas» se decantarán por ellos. «Y menos hombres», advierte, al contrario de lo que sucede en las culturas donde la utilización de esta especie de bufanda cuadrada, normalmente hecha de algodón, que se dobla y arrolla de varias formas alrededor de la cabeza, y que va a juego con una sencilla túnica, es más llevadera entre 'ellos', que entre 'ellas'. «Es parte de la moda, revolver conceptos», explica un portavoz del departamento de Comunicación de Prada.

Como un gran visir

Más que de un turbante al estilo de un gran visir, la propuesta de esta firma «se basa en un tocado inspirado en los turbantes hindúes, de diferentes tipos y colores. Eso sí, a la hora de combinar o adaptarlos para el día a día es algo complicado». ¿Como para llevarlo al trabajo? «Ummm», se recibe como respuesta. ¿Y para bodas de alto copete? «¿Sí!». De pomposos turbantes para ellas y hermosos saris rosas de telas bordadas para ellos, confeccionados por Donatella Versace y Roberto Cavall, vistió la modelo inglesa Liz Hurley a sus invitados en los siete días de fastos celebrados en palacios y fortalezas de Rajastán (India) que supuso su boda tipo Bollywood.

«En la época de mi madre, coger el turbante era como coger el bolso. Era una prenda cómoda, agradable y no demasiado puesta», evoca Carmen Jiménez León, propietaria del establecimiento Sombreros Merche, en Bilbao. También se acuerda la mujer de aquellos tocados de visón que hace unos años le encargaron algunas clientas: «Por entonces, la princesa Carolina de Mónaco tenía un problema de alopecia y solía llevar este tipo de turbantes. Y a alguna le debió de gustar tanto que lo quiso igual». Explica que ahora también los hace de tanto en cuanto. Pero no de visón, sino «muy armados, como los que se ven en las cabalgatas de Reyes, para Carnavales».

i.alvarez@diario-elcorreo.com
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