En un artículo publicado en la revista 'Bake Hitzak', editada por Gesto por la Paz, Imaz reflexiona sobre si la paz tiene o no un precio político y plantea como principio básico la necesidad de separar "conceptual y metodológicamente" la solución de contenciosos políticos y la existencia del terrorismo. Y es que, subraya, "la violencia de ETA no es consecuencia natural de ningún conflicto político". Esta premisa lleva al dirigente nacionalista a sostener que ETA debe limitarse por lo tanto a "cesar en el ejercicio de la violencia y renunciar a tutelar el futuro político de Euskadi", ya que son los partidos políticos y las instituciones las legitimadas para realizar este trabajo, y señala que fue precisamente la "exigencia" de la organización terrorista de entrar en una negociación política lo que rompió el "proceso".
"Asistí personalmente a conversaciones en las que se pretendía exigir a un partido que se comprometiese a defender unas determinadas posiciones contrarias a sus convicciones bajo la amenaza, en caso contrario, de ruptura del alto el fuego. Esta actitud entra de lleno en el terreno de un precio político contrario a parámetros democráticos", argumenta.
Para el presidente del PNV el trabajo político a favor de la paz requiere de un consenso sobre cinco principios: rechazo firme del terrorismo y respuesta desde el Estado de Derecho, apoyo a las víctimas, deslegitimación del discurso de los violentos, uso de los instrumentos del Estado de Derechos sin políticas de excepción y con respeto escrupuloso a los derechos humanos, y condicionar el final dialogado a la voluntad clara de ETA de dejar las armas.
Medios y fines
Imaz insiste en la idea de deslegitimar el discurso que pretende justificar la violencia y afirma que este ejercicio de deslegitimación conlleva "decir que de ellos nos separan losmedios, pero sobre todo nos aleja el modelo de país y de sociedad que quieren. En la Euskadi a la que yo aspiro y por la que legítimamente continuaré trabajando, no hay sitio para la intolerancia y uniformidad alcanzada mediante la imposición".
"Y nunca aceptaré que el más mínimo avance en el autogobierno de mi país esté vinculado a la presión de la violencia. Desde la política podemos y debemos trabajar por la paz --explica--, aunque alejados del concepto del precio político". En este punto, y en relación con el mismo tema, precisa que deslegitimar el discurso de los violentos o fomentar bases comunes frente a la violencia "no significa que los partidos debamos renunciar a desarrollar nuestras propias políticas, ni tampoco al contraste de ideas y de proyectos que en una democracia refuerzan el marco de libertades. Ni tampoco que se use la cooperación contra ETA para limitar el autogobierno vasco".
Finalmente, habla de las víctimas del terrorismo para defender que este colectivo "tiene un papel que desempeñar en un proceso de final de la violencia" y advertir de los riesgos de que sean utilizadas políticamente. "La utilización política de las víctimas no disminuye sino que profundiza su herida. Una víctima es alguien a quien se trató como medio, como instrumento inocente del terror para imponer un proyecto totalitario". Por esta razón, concluye, la mejor manera de devolver la dignidad a las víctimas es renunciar a su utilización y asentar el final del "conflicto violento sobre dos principios contrarios a los que les convirtieron en víctimas: negativa a que la paz tenga un precio político y esfuerzo adicional de los representantes políticos para que donde había imposición y exclusión haya lo contrario, pacto e inclusión".







