
Cuando en Montpellier dieron la salida, se desató una culebra de cien cabezas. Era el último gran día para las fugas. Y todos sacaban boleto. El que más era Garate, que no se contenía. Por una vez, el sol no derbordaba camino del Languedoc. A ritmo de espuela. Pero al viento le ha dado por ver de frente el Tour. Cada día. Opuesto. Freno de aire. Y así es imposible. Hay que creer en un milagro para esquivar el lazo del pelotón. Con el viento como enemigo hay que ser un soñador. Ahí, justo, apareció Amets. Se subió a su sueño en un repecho. Él y el francés Fedrigo. Compartido. El ex campeón galo, más robusto, se desmelenó en el tramo llano. Txurruka, en el puerto de la Jeante.
Francia ya sabe cómo sueña Amets. Colgado de la punta del sillín. Plegando al máximo sus piernas, las más delgadas del pelotón -apenas 56 kilos, lo que pesa un sueño-. Ahormando la boca al esfuerzo. Abierta con alicates. «A Amets hay que frenarle. Sus antiguos directores en el Barloworld me hablan siempre maravillas de él. Me dicen que le pare, que es demasiado valiente», cuenta Odriozola, director del Euskaltel-Euskadi. Ayer, ni Txurruka ni Fedrigo frenaron. Hasta 11 minutos tuvieron. Parecía tiempo de sobra para soñar. Pero no. El Liquigas ordenó formar por detrás a los dorsales de la 'inquisición'. Txurruka se aferró. No quería despertar así. Alimentó su esperanza en el puerto. «La única opción era desmoralizar al pelotón, que vieran que ya no le daba tiempo a cogernos». Buena táctica. Aunque sólo válida para los sueños. La cuesta apenas tenía descenso. Y el viento soplaba, despertaba. Además, cuando el Liquigás dudó, apareció el Caisse d'Epargne y luego los equipos de los esprinters. El de fugado es casi siempre un empleo temporal. «Nos han faltado 40 segundos en la cima», lamentó Odriozola.
Txurruka creció en Etxebarria, en Markina, en Vizcaya. En los equipos de Lekeitio. En una familia ciclista. Con un dorsal para la carreras y con dos manos para poner vallas cuando corrían otros. Su infancia es una bicicleta. Hasta cuando estudió Magisterio y disfrutó de una beca Erasmus en Italia. Allí, en Italia, se hizo profesional. Soñaba, claro, con el Tour. Con un día como el de ayer en Castres. Buen sueño, aunque un kilómetro corto.







