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«Sufrí abusos desde los tres años y eso me hizo sentir como una puta»
Noelia fue forzada por uno de sus tíos a mantener relaciones con él y con uno de sus primos, otro niño «Vivir se te hace muy difícil, siempre estás al límite, pero «ahora tengo fuerzas y quiero ayudar a otros»
20.07.07 -
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«Sufrí abusos desde los tres años y eso me hizo sentir como una puta»
RECUERDOS. Noelia charla con las fundadoras de Avasi, Amaia Castaños y Carmen Escudero. / MIREYA LÓPEZ
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Escribir a: asociacion@avasibilbao.org

622 218 016 Noelia se obliga a recordar, aunque desconoce el momento exacto en que «la pesadilla» comenzó: «¿Es que yo era una cría!». Aquel horror tenía lugar en su propia casa, «mientras veía por televisión las aventuras de Espinete, o en el váter, de improviso», a traición. «Vamos, cuando los mayores me dejaban a solas con el cerdo de mi tío», dice.

El hombre que abusaba sexualmente de ella era cuñado de su madre. También la forzaba a mantener relaciones con un primo, otro niño, «y quizá con alguno más», ni siquiera puede asegurarlo. Cuando se hizo mayor, Noelia ella se rebeló, se negó a someterse. En esos momentos el acosador le apretaba la garganta y le amenazaba con tomar represalias. Los ataques cesaron seis meses antes de recibir la Primera Comunión, pero una terrible sospecha se ha perpetuado: «Aparte de los niños, sé que alguien más lo vio».

Vida marcada

El culpable ya ha fallecido y la víctima, vecina de un pueblo de Vizcaya, ha cumplido 29 años. Aquellos hechos han marcado su vida: actualmente sigue un tratamiento personalizado en el seno de la Asociación Ayuda a las Víctimas de Abusos Sexuales en la Infancia (Avasi), entidad creada hace diez meses por la terapeuta Carmen Escudero y la psicóloga Amaia Castaños. Desde el pasado otoño, muchas personas se han puesto en contacto con ellas para interesarse por sus servicios. Sin embargo, muy pocas han solicitado una cita en el Centro Cívico Begoña, local donde prestan sus servicios.

Ambas mujeres creen que las numerosas denuncias contra religiosos pederastas norteamericanos «forman parte de un problema que también tiene su reflejo en nuestro país». Y recalcan que, de forma abrumadora, los abusos sexuales se generan dentro del hogar. «Se juntan el tabú del sexo y la familia, ¿qué más quieres! De ahí la gravedad y perdurabilidad de las consecuencias», sostienen.

Consecuencias físicas, además de psicológicas. «El desarrollo emocional de los afectados se bloquea y, a menudo, el dolor acumulado se somatiza en todo tipo de dolencias», como la fibromialgia, adicciones y trastornos obsesivos compulsivos. Según estas expertas, lo normal es que los pacientes no pidan auxilio hasta que sufren una de estas patologías. Los episodios de abusos aflorará después, cuando se ahonda en las causas.

En Avasi se estudia cada solicitud y se invita a los afectados a participar en terapias de grupo: «La mejor forma que tienen estas personas de verse a sí mismas es a través de los demás, que descubran que no están solos ni su trauma es único».

La terrible experiencia sufrida durante su infancia ha condicionado toda la vida de Noelia, incluso sus estudios; la joven decidió matricularse en Magisterio, porque con los niños se siente «especialmente bien». Su drama está salpicado de disputas, de incomprensión y depresiones vividas en el ámbito doméstico. «Nunca pensé que podría llegar a los 25 siquiera, porque vivir se te hace muy difícil, siempre al límite, con un cansancio que no curan las pastillas. Cada día he tocado fondo. Me he sentido la más mierda del mundo y sólo quería que me abrazaran y me quisieran».

-¿Pensó alguna vez en el suicidio?

-Sí, claro que lo intentas, o al menos, descansar. En cierta ocasión, me tomé tantas pastillas que dormí durante cuatro días. Luego me fui a las fiestas de Bilbao, y no me pregunte el porqué.

-Pero, ¿y la ilusión del amor? ¿Se ha enamorado alguna vez?

-Te apegas a cualquier cosa para quitarte eso de la cabeza. Buscas un salvador y, la verdad, los chicos que te llegan a gustar no te hacen la vida muy sencilla. Dicen que te quieren y sólo te están forzando a mantener relaciones.

«Nos olemos»

Pero las desgracias no llegan solas. Pasados los años, sufrió un intento de violación en el portal de su casa, lo que le hizo revivir todo el pasado. La familia del agresor, incluso su propia tía, tachó a Noelia de «mentirosa». Ella ha respondido con querellas por amenazas. «Me llaman puta, a mí, que me he sentido puta desde los tres años, y quieren verme muerta, pero no voy a dejar que me hundan, porque ahora tengo fuerzas y quiero ayudar a otra gente». Dice que ha desarrollado «un sexto sentido» para reconocer a otras víctimas. «Nos olemos. Por la sensibilidad, por la clase de individuos en los que nos convertimos. Tengo un amigo al que un sacerdote le desgració la vida. Ahora tiene dudas sobre su orientación sexual, pero no se siente atraído por nadie».

-¿Y el resto de su entorno?

-Sólo pensaba en agradar a los demás, en defenderlos. Cuando se lo conté a una persona, a la que creía mi mejor amiga, se mostró más preocupada por su operación estética que por mí, y se alejó. Hoy no conservo a nadie de mis íntimos de la adolescencia.

Tras pasar por numerosas asociaciones, por varios psicólogos y psiquiatras... sin éxito. Hasta que conoció la existencia de la asociación Avasi. Se armó de coraje y llamó por teléfono. Alguien al otro lado de la línea le dijo que no estaba loca. «Que esto tiene curación, que se puede vivir, así y todo».
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