
«Al embajador británico en Moscú le ha sido entregada una lista con los nombres de cuatro miembros de su legación diplomática considerados personas 'non gratas'. Todos ellos deberán abandonar Rusia en un plazo de 10 días», anunció Kaminin en una concurrida rueda de prensa. El embajador del Reino Unido, Anthony Brenton, recibió una citación para acudir a mediodía al rascacielos de la plaza Smolénskaya, sede del Ministerio de Exteriores ruso, pero no declaró nada a la prensa una vez terminada su reunión con Grushkó.
El que informó con todo detalle fue Kaminin, señalando que el paso dado por Moscú tiene un carácter «selectivo, sopesado y necesariamente mínimo». Según sus palabras, a tal situación se ha llegado «teniendo en cuenta las acciones provocadoras e inamistosas de Londres y su opción consciente hacia el empeoramiento de las relaciones con nuestro país». El presidente Vladímir Putin, sin embargo, quitó hierro al asunto calificando de «minicrisis» el enfrentamiento con Londres. «Lo resolveremos, creo que nuestras relaciones con el Reino Unido terminarán desarrollándose con normalidad», dijo Putin a un grupo de periodistas.
El ministro de Exteriores británico, David Miliband, dio el lunes a conocer la expulsión de cuatro diplomáticos rusos como represalia por la negativa de Moscú a entregar a la Justicia del Reino Unido a Andréi Lugovói, cuya participación en el asesinato del ex agente secreto ruso, Alexánder Litvinenko, se considera probada.
La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, pidió ayer a Moscú desde Lisboa que colabore con Londres y entregue a Lugovói a la Justicia británica. «Se cometió un crimen terrible, que tiene que ser investigado, y los culpables deben ser juzgados y castigados», afirmó Rice en relación con el asesinato de Litvinenko. La jefa de la diplomacia estadounidense señaló que «Rusia debe aceptar la demanda de extradición de Londres». No obstante, Rice se pronunció por el diálogo, ya que, según sus palabras, «no se ganará nada del aislamiento de Rusia».
Kaminin informó también de que, a partir de ahora, «los funcionarios rusos no harán visitas al Reino Unido y Rusia dejará de tramitar las peticiones de visado para funcionarios británicos». «Las medidas adoptadas por Londres hacen también imposible la cooperación entre Rusia y el Reino Unido en materia antiterrorista», añadió el portavoz diplomático. Al final de su intervención, Kaminin expresó el deseo de que «se termine imponiendo el sentido común y nuestras relaciones con Londres se liberen de obstáculos artificiales».
Litvinenko empezó a sentirse mal tras reunirse, el 1 de noviembre del año pasado en la cafetería del hotel Millennium de Londres, con Lugovói y el también empresario y antiguo espía, Dmitri Kovtun. La muerte le sobrevino el día 23 de ese mismo mes debido a la alta concentración en su organismo de polonio-210, una sustancia radiactiva y altamente tóxica que, al parecer, le fue añadida al té.
La extradición
La Fiscalía General rusa argumentó su rechazo a extraditar a Lugovói haciendo referencia al artículo 61 de la Constitución del país, que prohíbe entregar a cualquier ciudadano ruso a la Justicia de un Estado extranjero. Pero el presunto asesino de Litvinenko se pasea tranquilamente por Moscú y ofrece ruedas de prensa reafirmándose en su inocencia y acusando de la muerte de su ex compañero de los servicios secretos al MI-6 británico o al magnate ruso residente en Londres, Borís Berezovski. La Fiscalía rusa asegura que, hasta la fecha, no ve nada que implique a Lugovói en el crimen que se le imputa.
Moscú protesta además por el hecho de que el Reino Unido se niegue también a entregar a la Justicia rusa a Berezovski, acusado de estafa, apropiación de fondos y llamamientos a derrocar el poder en Rusia, y a Ahmed Zakáyev, emisario de los separatistas chechenos, a quien se le imputan delitos de terrorismo.






