La primera vez que se encontraron ese tipo de efectos fue el pasado 5 de enero en la localidad vizcaína de Atxondo, donde la Ertzaintza intervino 180 kilos de explosivo que habían sido abandonados precipitadamente por un comando de ETA que se dio a la fuga al sospechar que estaban siendo vigilados. Además del explosivo se encontraron dos dispositivos de mercurio que se emplean para la activación de bombas lapa. Esa circunstancia es la que llevó a la Consejería de Interior del Gobierno vasco a advertir que se trataba de "artefactos que ETA siempre ha utilizado en atentados dirigidos contra personas".
Los dispositivos hallados en Atxondo eran ampollas de cristal con una pequeña cantidad de mercurio en su interior muy sensibles al movimiento. Cuando el coche se pone en marcha o simplemente con la vibración del arranque del motor, el mercurio oscila y cierra un circuito eléctrico situado en un extremo de la ampolla que provoca la explosión de la bomba. Este tipo de artefactos sólo se utilizan para causar daños personales y no para provocar daños materiales.
El segundo hallazgo de material para la confección de lapas tuvo lugar el pasado 31 de marzo en la localidad navarra de Berriozar, donde la Guardia Civil descubrió el arsenal del "comando Urederra" que acababa de desarticular. Entre los efectos que tenía esa célula etarra había dispositivos de iniciación de bombas lapa.
16 atentados con bombas lapa
ETA no ha colocado una bomba lapa desde el 30 de mayo de 2003, fecha en la que un artefacto de estas características fue colocado bajo el coche utilizado por un grupo de policías nacionales que se habían trasladado a Sangüesa para renovar el DNI. La explosión de aquella bomba causó la muerte de los agentes Bonifacio Martín Hernández y Julián Embid. Dos años más tarde, en febrero de 2005, la policía detuvo en Valencia a un comando de ETA que acababa de llegar a la ciudad y que iba a cometer un atentado con una bomba de este tipo. Fue el último intento conocido de perpetrar una acción terrorista con este tipo de artefactos.
Desde la ruptura de la anterior tregua, en el año 1999, ETA ha cometido 16 atentados con bombas lapa que han dejado un saldo ocho personas muertas. El año 2000 -con once lapas y cuatro muertos- fue particularmente pródigo en este tipo de acciones terroristas; en 2001 se registraron tres bombas que dejaron un saldo de dos muertos; en 2002 sólo se produjo el atentado que mutiló al entonces dirigente de las Juventudes Socialistas Eduardo Madina y en 2003 el ya mencionado de Sangüesa.






