
-Ha trabajado como realizador, guionista... y ahora es director. ¿Prefiere mandar?
-El mundo audiovisual es una dictadura y a mí me gusta mandar, aunque dicen que como director soy demasiado blando.
-Fue realizador de 'Gran hermano' y 'Confianza ciega'. ¿Qué opina de este formato televisivo?
-Tengo muy buenos recuerdos de esos programas. Me han servido después a la hora de escribir, y me han ayudado a explorar los abismos del alma humana.
-¿Es de los que reniega de su paso por la pequeña pantalla?
-Muchos reniegan de ella por ser un medio demasiado rápido y poco elaborado, pero su mejor baza es esa inmediatez.
-¿Se encuentra el cine español en una situación crítica?
-Sí, pero no sólo el cine español. La gente está dejando de ir y eso es un problemón, sobre todo para los que estamos empezando.
-¿Cuál es la solución?
-Deberíamos fijarnos en las series de televisión, consiguen conectar con la gente y eso es envidiable. Hay que hacer cine que guste al público, y no sólo para mirarse al ombligo.
-¿Las historias dramáticas funcionan mejor contadas en clave de comedia?
-No sé si es la mejor forma de contarlas, pero provocan una desazón en el espectador que me gusta. La gente sabe que se ríe de cosas muy serias, y eso es una provocación.
-¿Por qué triunfan las películas sobre situaciones cotidianas?
-Por ser auténticas y sinceras. Yo cuento cosas que el espectador haya podido vivir porque todos tenemos vidas muy parecidas.
-En sus cortos 'La primera vez' y 'Éramos pocos' ha contado con la actriz Mariví Bilbao. ¿Es su musa?
-Sí, es pura energía y la contagia. Me lo paso muy bien con ella y tiene un buen resultado en pantalla.
-Suele abordar temas sobre la tercera edad. ¿Tiene alguna obsesión con los ancianos?
-Me hacen mucha gracia porque son unos personajes extremos. Expresan muy bien lo raros que somos los seres humanos.
-¿Buscaba transmitir un mensaje social a través de esas historias?
-Me interesaba hacer reír con algo que no tiene ninguna gracia.
-Trabajó como guionista de 'Vaya semanita'. ¿Cuál fue el secreto del éxito de este programa de ETB?
-Trasladamos a la televisión lo que podía decir un grupo de amigos en un bar. No creo que fuera ninguna innovación, era algo que estaba en la calle.
Humor vasco
-En el largometraje 'Ocho apellidos vascos' abordará también el llamado conflicto vasco. ¿Cómo se decidió por este tema?
-Un largo lleva tiempo, exige tratar un tema del que estés seguro y yo me siento como pez en el agua en la comedia vasca.
-¿Ha encontrado obstáculos a la hora de llevar a cabo el proyecto?
-Las típicas trabas que se encuentran al hacer cualquier película.
-¿La sociedad vasca es diferente a otras?
-No, nos parecemos mucho más a los demás de lo que creemos.
-En otra de sus próximas películas, 'Flash, el amigo de las chicas', se adentra en el mundo culinario. ¿Quiere conquistar a los espectadores por el estómago?
-Les voy a conquistar con ácido úrico. La película tiene bastante mala leche, es una sátira sobre la alta cocina en Euskadi.
-¿Qué tal se sintió en la gala de los Oscar?
-Me parecía todo un chiste y me preguntaba continuamente qué hacía yo ahí. Fue como un viaje de fin de estudios, acompañado de amigos pero con 30 años y dinero.
-¿Qué premio de los recibidos le ha hecho más ilusión?
-Quizás el del Festival de Gijón a 'La primera vez' porque no conocía aún este mundo, y fue un subidón. Tenía 39 grados de fiebre y cuando me llamaron se me quitó.
-¿Cómo debe ser un buen corto?
-Dicen que una buena fórmula es hacer un corto de temática social, con actores conocidos. Pero una idea concisa que vaya al grano, siempre saldrá muy bien.
-Estudió en la Facultad de Comunicación de la UPV, igual que Nacho Vigalondo, Koldo Serra... ¿Hay buena escuela en el País Vasco?
-Siempre hemos destacado en los cortos y en los largos. Debe ser por la mezcla de mala leche y ternura que tenemos al salir de aquí.






