
En la habitación 104, por ejemplo, esperaban Marta y Alberto. La pareja de padres primerizos sonreía al ver a su pequeña Karla entre sus brazos. Ambos trabajan fuera de casa y ella tiene previsto reincorporarse a su trabajo tan pronto como acabe su baja por maternidad, «porque hay que pagar la hipoteca». Con todo, no prevén acogerse a la nueva subvención para contratar a un cuidador. «Cuando no podamos estar con nuestra hija, se la dejaremos a las abuelas. Además, con esa cantidad que dices que nos pueden dar no hacemos nada», se quejaban.
Marta era tajante: «Lo que tienen que hacer las administraciones es abaratar la vivienda, ésa es la mejor ayuda que nos pueden dar, si lo que quieren es fomentar la natalidad», planteaba. Alberto apoyaba a su pareja y añadía: «También hacen falta más guarderías. En Vizcaya estamos en el furgón de cola. Hemos leído que en Álava hay muchas más plazas que aquí», comentaba, muy bien informado.
En la misma habitación que Marta descansaba Sara. La joven, sonriente, sostenía en brazos a Silvia. Envuelto en un bucito azul, el bebé dormía plácidamente. La madre acababa de recibir la visita de su marido, Iñaki, y su otro hijo, Iñigo. Sara dejó su trabajo cuando decidió formar una familia, pero tiene la intención de reincorporarse a la vida laboral, cuando su recién nacida se haga más mayor. Con todo opinaba que las ayudas, como la promesa del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, de pagar 2.500 euros por cada hijo, «están bien», pero «no son suficientes».
En este sentido, la madre de Silvia e Iñigo se quejaba de que España está «muy lejos» de algunos de sus vecinos comunitarios en esta materia. «Tengo una prima francesa que recibe mucho más dinero para sus pequeños y, me ha dicho, que en Alemania la preocupación del Gobierno por la natalidad es muchísimo mayor, por lo que les dan aún más apoyo si cabe».
Cuidadoras regularizadas
Lo que la nueva medida del Gobierno vasco puede lograr es la regularización de muchas personas que trabajan como cuidadoras y que no están dadas de alta en la Seguridad Social. El caso de Gisele es uno de tantos. Esta dominicana trabaja de niñera en una casa de Barakaldo. Lo hace de lunes a viernes, por la mañana, durante seis horas. La familia que le contrató lo hizo 'en negro', por lo que no cotiza y se encuentra en una situación irregular. Su empleadora aseguró ayer a este diario que «gracias a esta nueva ayuda voy a darla de alta, porque estamos muy contentos con su trabajo y así nos ahorraremos problemas», afirmó.








