Lazpiur se negó a valorar si el 'ritmo' de recepción de las misivas se ha acelerado o no en los últimos días o si estamos ante una nueva oleada de reclamación de dinero por parte de ETA a los empresarios. Dibujó la situación como algo continuo, que no cesa y genera una lógica intranquilidad pero que, aclaró, «no vamos a dejar que nos hunda. Los empresarios estamos acostumbrados a sobreponernos a las dificultades y sabemos además que, más tarde o más temprano, esto va a tener un final. Los deseos de paz de los vascos -añadió- son intensos, mayoritarios e imparables».
Tampoco quiso confirmar si las cartas enviadas en los últimos días contienen un mensaje más duro, peticiones de cantidades más elevadas de lo que era habitual y la advertencia de que, de no ver satisfechas sus pretensiones, las siguientes serán recibidas por familiares de los empresarios. «No voy a entrar a analizar los detalles -dijo-, ya que sean las cantidades que sean, tengan el tono que tengan, el chantaje es chantaje y no otra cosa».
«Un territorio de paz»
Destacó también que los esfuerzos de los empresarios irán encaminados a arropar a quienes sufren el chantaje de la extorsión terrorista y a apoyar «en su difícil tarea a quienes tienen la responsabilidad de acabar con la violencia y lograr que nuestra comunidad, además de ser próspera, sea también un territorio de paz».
En relación con la polémica política en torno a una hipotética consulta popular, aseguró que los empresarios prefieren mantenerse al margen de este tipo de discusiones. «No se si se hará o no y nosotros no vamos a entrar a especular sobre el tema», dijo, a pesar de que se aventuró a apuntar -puntualizó más tarde en privado que era una apreciación realizada a título personal- «que una consulta de este tipo no tiene por qué tener consecuencias negativas para la economía vasca».






