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Valverde y Contador sacuden el Galibier
Rompieron el Tour en la mítica cima y eliminaron a Vinokourov, pero no pudieron evitar la espectacular victoria del colombiano Soler El murciano es segundo en la tabla y Mayo, ayer con calambres, tercero
18.07.07 -
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Valverde y Contador sacuden el Galibier
EN PLENO DESCENSO. Los ciclistas atravesaron parte de los Alpes antes de afrontar la subida al Galibier, uno de los altos míticos del Tour de Francia. / AP
Cuando el Tour llega al Galibier, calla. Escucha. Y apunta una nueva clasificación: al líder Rasmussen le siguen Valverde y Mayo. Y Contador, el chico preferido del Galibier, ya es quinto. El Tour se emociona.

Dijo Jacques Goddet, gran patrón de la ronda, que el Galibier es «un monumento al servicio de los campeones». Como el Iseran. Los lugares donde habitan los héroes de otras épocas. De otras gestas. El Iseran de Bartali en 1938. «No le toquéis, es un dios», le halagaron. El Iseran de Bobet, que eligió esa cima para retirarse en 1959, cuando vio que no podía mantener su rango. El Galibier de Ocaña en 1973, del castellano orgulloso. El Galibier de siempre, arrugado, desollado por la altitud. El de Pantani en 1998, el 'pirata' que tintó de derrota los pómulos hinchados de Ullrich... Los puertos de los campeones. Las puertas de ingreso al Tour.

En el Iseran se puede oír a las piedras. Hablan del Tour. Popovych (Discovery) quiso el honor de coronar el puerto. Tras él marcharon su compañero Gusev, Iván Gutiérrez (Caisse d'Epargne) -ha estado escapado en las tres jornadas alpinas- y Astarloza (Euskaltel). El público tapaba el silencio de la montaña. Tenía el privilegio de estar en el Iseran, un puerto esquivo. En 1996, el Tour iba a transitar sus curvas, pero la cuesta se ausentó. Dijeron que por la nieve. Quizá por no ver la penitencia de Induráin. Ayer sí estuvo el Iseran y le alfombró la etapa a su hermano, el Galibier.

En ese paisaje poderoso sonaron las tijeras de Valverde, primero, y de Contador, después. Chas, chas. Al carajo las tácticas. Con el viento en contra. El escenario mandaba. El Galibier. Una carretera para mulas de contrabandista. Para la aventura. A nueve kilómetros de la calva del puerto, Valverde desenrolló sus piernas. Por tres veces. Publicó en alto que éste no será el Tour de Vinokourov. El Astana ya sabe que su dorsal es Kloden. El peligro alemán que está a tiro de contrarreloj. En la lista de bajas anunciada por el látigo de Valverde están también Pereiro, Schleck, Kashechkin y Zubeldia.

Hasta Moreau flaqueó. Valverde redujo el Tour: Con él iban Contador, Mayo -lastrado por calambres-, Cobo, Rasmussen, Kirchen, Sastre, Kloden y dos lapas, Evans y Leipheimer, dos ciclistas rácanos, de ésos a los que nadie ve hasta que mira la clasificación. Eran los nombres elegidos por el Galibier, por sus blancas sienes. Valverde, generoso, le recogía la falda al monte. Hacia arriba. Se desplegaba sobre la piel de verano del coloso alpino. Calor. Fiebre. Sol hinchado. Como los pulmones de Alberto Contador, el superviviente. Es joven, pero viene de lejos. De un cavernoma cerebral que le colocó en una mesa de frente con la muerte. En una ruleta rusa. Se salvó. Y viene de la zozobra de la 'Operación Puerto', del escándalo que le echó del pasado Tour. Sin culpa. La Guardia Civil le exculpó luego. Pero ya se le había ido el Tour. A todo eso ha sobrevivido el mejor joven de la ronda. Como para no atraverse con el Galibier. Justo al templarse Valverde.

Apuesta de Contador

Ahí apostó Contador. Le soplaba el Galibier. En contra. Le probaba. Y acabó convocándole. Es su nuevo campeón. El ciclista de Pinto fue dejando de lado a los fugados. A todos menos al colombiano Soler, el nuevo Herrera, otro joven descarado. Soler es un 'loco'. No sabía del Galibier y le dio igual. Laminó a los fugados y besó la cima del puerto con casi dos minutos sobre Contador, que venía. De Pinto. Con su cuerpo de danza. De puntillas. Acompasando cuello y piernas. El carnet del escalador. Contador recogió en la cima a Popovych, resto de la fuga, y juntos otearon al fondo la fortaleza de Briançon. Otro templo. Etapa mayúscula.

De nuevos campeones. Nadie pudo coger a Soler, colombiano triunfal, en los 40 kilómetros que caían hacia Briançon. A Valverde le impulsó Gutiérrez, otro náufrago de la fuga. Cántabro entregado. Cerró los ojos bajo las gafas. Ciego. Él sólo llevó a Valverde y Rasmussen hasta Contador. Por un momento, ni Kloden, ni Evans, ni Mayo, ni Leipheimer, ni Sastre pudieron seguirle. La sombra de Gutiérrez quedó clavada al suelo del repecho final de Briançon. Valverde le tomó allí el relevo. Con su repertorio. Inigualable en las cuestas breves. Sólo Evans, y con las uñas, le soportó. Contador cedió 2 segundos. Cuatro perdieron Mayo, frenado de nuevo por los calambres, Rasmussen y Leipheimer; ocho para Kloden. Y tanto tiempo para Vinokourov. Fuera ya del planeta Tour.
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