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Cultura

XXXI festival de jazz de vitoria
Experimento en familia
Sólo 300 personas asistieron al concierto que unió a músicos vascos y americanos y que se vendía fuera del abono
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Sólo unas trescientas personas adquirieron sus entradas para asistir el lunes a la oferta Konexioa, donde se juntaron músicos vascos y americanos para intercambiar experiencias. El pabellón de Mendizorroza presentaba, por tanto, un aspecto bastante triste. Organizar este triple concierto fuera del abono general, como una entrada independiente para el lunes y nada menos que por veinte euros, pudo influir. Los abonados ya hacen suficiente esfuerzo económico y físico durante toda la semana como para, además, asistir a algo presentado como experimento.

El concierto comenzó con el grupo del batería Hasier Oleaga que interpretó sobre todo estándares junto al gran trombonista Wylcliffe Gordon, el trompetista Terell Stafford y el saxo alto de Donald Harrison. Los americanos, en sus solos e improvisaciones, demostraron su incomparable nivel, pero los locales no quedaban a la zaga. Oleaga es un batería de extraordinaria elegancia y con ese toque de finura necesario para ser una voz del conjunto que es simultáneamente discreta e imprescindible. El contrabajista Juan Pablo Balcázar demostró ser un todoterreno, capaz de seguir cualquier ritmo y adornar todas las melodías con gran sutileza. El guitarrista Alejandro Mingot tuvo oportunidad de lucirse y lo hizo, así como el saxo tenor Miguel 'Pintxo' Villar.

Los hermanos bilbaínos Víctor y Juan de Diego -saxo tenor y trompeta, respectivamente- hicieron un concierto basado en su totalidad en composiciones propias. Estaban acompañados por un trío rítmico de excepción: el fenomenal pianista Eric Reed, el contrabajista Ben Wolfe y el batería Carl Allen. Para muchos, un descubrimiento: dos aún jóvenes músicos vascos, si bien aclimatados en Cataluña, capaces de hacer jazz así de bien.

El fin de fiesta lo puso Ruper Ordorika con tres canciones. La primera, 'Hondartza Galduan', acompañada sólo por su guitarra y la trompeta de Terell Stafford, en un momento de insuperable compenetración. Luego, junto al cantante salieron parte del grupo de Oleaga y los instrumentistas de viento americanos. Bien, pero no tan logrado como el primer tema. Eso sí, el público pidió que la música continuara. Fueron pocos, pero convencidos.
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