Fue el día soñado por los incondicionales de la Virgen. Tanto, que la procesión se prolongó durante dos largas horas. Al son de las canciones de la Banda Municipal, la talla de la Señora del Carmen partió puntual -a las seis de la tarde- de la parroquia de San Jorge. En cuanto las campanas repicaron, las autoridades eclesiásticas pusieron rumbo hacia el puerto. Les seguían de cerca ocho remeros, un nutrido grupo de sardineras y medio centenar de feligresas. «¿Viva la Virgen del Carmen!», gritaba la muchedumbre al paso de la comitiva. «¿Viva!», respondía la animada parroquia.
Al margen de los gritos reivincativos de miembros de la izquierda abertzale, todo transcurrió con normalidad hasta la llegada al muelle. Ya en la mar, las plegarias a la patrona se sucedieron. La procesión de embarcaciones llegó hasta El Abra. Entre los testigos de excepción estaban 340 invitados seleccionados por sorteo entre 1.356 aspirantes. Todo, para abrir la tradición «a todo el mundo», en palabras del máximo edil. Incluso unos jubilados de Amurrio siguieron la cita en barco.
Con el párroco a la cabeza, se rindió un homenaje a los arrantzales fallecidos. La nueva lancha engalanada para la ocasión sirvió de centro de operaciones. Micrófono en mano, el sacerdote ofició una oración en memoria de los pescadores que se han dejado la vida en la mar. Luego, hubo una ofrenda floral en la desembocadura del Nervión y los cohetes retumbaron en un cielo encapotado.
«La queremos más...»
En el camino, Ibarretxe se dio un auténtico baño de masas. Le ofrecieron echar unos tragos, aunque lo rechazó un par de veces con un cortés «no, gracias». De vuelta a tierra, se cantó una salve marinera. Incluso a pie de puerto cientos de personas entonaron la melodía. De ahí se pasó al tradicional alarde de danzas y la eucaristía ya en la iglesia. Es la fuerza de una dama que cautiva a todos. «¿La queremos más que en ningún otro sitio!», proclamaban María Ángeles Gárate y Eulogia Ramírez.
Ni siquiera el paso del tiempo ha podido con la devoción de los lugareños por esta institución divina. Desde 1907, la procesión no ha dejado de celebrarse. Aquel año, el Papa Pío X declaró a esta virgen canónica de la localidad. Su decisión caló muy hondo en el pueblo pesquero. A partir de ese momento, cada 16 de julio -día de Nuestra Señora del Carmen- una talla de la Virgen pasea en barca por El Abra. Ayer, brillaba «como nunca» -según los fieles-. Ahora esperan que dure 100 años más.








