
Zapatero tan sólo aseguró a este respecto que la colaboración de México en materia antiterrorista ha sido hasta ahora muy satisfactoria, y que su viaje de apenas dos días y medio al país latinoamericano ha servido para «renovar y confirmar» la voluntad de cooperación en todo lo referente a ETA. Pero no fue más allá. «Las acciones que se tienen que llevar adelante no deben explicitarse públicamente. Sería un poco absurdo que así fuera», se justificó al ser preguntado en rueda de prensa por el alcance del acuerdo suscrito con el presidente mexicano.
Como único instrumento real y material, la 'Declaración para profundizar en la Asociación Estratégica entre el Reino de España y los Estados Unidos Mexicanos' compromete la creación de una agregaduría de la Secretaría de Seguridad Pública, que se incorporará a la embajada de México en España para «incrementar» el intercambio de información sobre terrorismo y sobre delincuencia organizada.
El documento habla asimismo de la necesidad de mejorar los mecanismos de cooperación judicial para agilizar las extradiciones, una vieja reivindicación de España. La ley mexicana hace que resulte muy difícil y farragoso poner en manos de la Justicia española a los etarras que se refugian en su territorio. Los procesos de extradición suelen ser largos y penosos, no por falta de voluntad política, según ambos países, sino por dificultades técnicas de los procedimientos judiciales.
La situación ha llevado a las autoridades mexicanas y españolas a aferrarse a otras vías legales. La más común es la de la expulsión de presuntos terroristas que se encuentren en México en situación irregular, como fue el caso reciente de Antonio Aspiazu, en busca y captura por su participación en el entramado financiero de ETA.
Reforma de la Justicia
Calderón, que apenas lleva siete meses en el poder y tiene una situación interna complicada debido a que aún son multitud los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que cuestionan su triunfo electoral, manifestó su «franca disposición» a colaborar con España en este terreno. Pero no prometió nada. Su Gobierno ha remitido ya al Congreso una reforma de la Justicia que podría aprovecharse para hacer modificaciones que facilitarían las extradiciones. Pero el propio dirigente mexicano admitió que aún desconoce en qué acabará el proyecto y subrayó que, a día de hoy, no puede asegurar avances en ese terreno.
El Gobierno español asegura, con todo, que hay motivos para la satisfacción y subraya que la búsqueda de una mayor colaboración contra ETA no era el objetivo exclusivo de la visita oficial de Zapatero a México. Su deseo era, de acuerdo con el propio jefe del Ejecutivo, actualizar «un acuerdo que se había quedado pequeño» ( el de 2001) y mostrar el apoyo de España a los objetivos de la legislatura de Calderón.
Pero la visita, que concluye hoy a mediodía, tiene sobre todo un importante componente económico y estratégico. Zapatero considera que México ostenta un «liderazgo indiscutible» entre los países latinoamericanos y defiende la nece- sidad de darle aún mayor impulso mediante la cooperación económica. A tal fin, prometió que España apoyará los proyectos del país azteca para fortalecer las infraestructuras y para conseguir que el turismo y la energía «multipliquen su potencial».






