La iniciativa tuvo como resultado que la bárbara amenaza inmobiliaria se parara. Pero ahora los bárbaros vuelven, y son unos mandados de la Fundación Ramón Areces, propietaria de la finca, con actuaciones como asaltos mediante una escalera, por ejemplo. Y todo ello cuando en el convenio entre la Fundación Ramón Areces y la Fundación Menéndez Pidal (1984) se lee como uno de los fines «conservar su recuerdo en la casa que fue su vivienda». Las autoridades, y a la cabeza el nuevo ministro de Cultura, las universidades y las academias y toda la gente tienen la obligación de pedir se preserve un patrimonio histórico-cultural y la memoria viva del gran sabio, miembro de tantas entidades científicas y honorario también de Euskaltzaindia.







