
Pese a que los entrenamientos en sí arrancarán mañana a primera hora, ayer había ambiente de estreno en Lezama. Sólo se trataba de la primera toma de contacto, pero la presencia de la cúpula directiva del Athletic -Fernando García Macua, Joseba Inchaurraga y Juan Pedro Guzmán- sirvió para dar sensación de apoyo a la plantilla y carácter de cambio de etapa en la que se dejen atrás las penurias vividas en el pasado ejercicio.
Tras la llegada de los primeros jugadores y del entrenador, el nuevo presidente del Athletic, acompañado de su vicepresidente Inchaurraga, llegó a Lezama a las diez menos diez de la mañana. 35 minutos después, salía al exterior del edificio principal junto a Joaquín Caparrós con el objetivo de saludar a Kike Liñero, técnico del Bilbao Athletic, que se estrenaba ayer en el cargo con la presentación del filial y el primer entrenamiento.
Fue el momento en el que la directiva y el primer entrenador acapararon el protagonismo, ya que, poco después de su vuelta al interior del edificio central de Lezama, el que tomó las pautas del trabajo fue Josean Lekue. El sustituto de Sabino Padilla al frente de la preparación y de los servicios médicos del club dividió a la plantilla en dos grupos. Poco antes de las once de la mañana se dirigió al campo principal con Iñaki Lafuente, Joseba Etxeberria, Zubiaurre, David López, Amorebieta, Gurpegui, Murillo, Llorente, Angulo, Dañobeitia, Tarantino, Alba, los componentes del filial Raúl Fernández y Markel Susaeta y el juvenil Gorka Eraña.
Todos ellos, durante algo más de veinte minutos, afrontaron a las órdenes de Lekue e Íñigo Mujika el desarrollo del test de Leger-Boucher, «una prueba progresiva y maximal» que se desarrolló en el perímetro del campo de fútbol, acotado cada 25 metros por una señal. Los jugadores debían desplazarse a la velocidad que indican las señales sonoras emitidas por una cinta cassette. La velocidad de comienzo de la prueba es de 8 kilómetros por hora, y se incrementó progresivamente hasta que los jugadores no eran capaces de llegar a cada señal a tiempo. ¿El fin? Analizar el trabajo aeróbico de los futbolistas en la vuelta al trabajo.
Una hora después llegó el turno del segundo grupo. Aranzubia, Iraola, Luis Prieto, Expósito, Gabilondo, Sarriegi, Casas, Aduriz, Orbaiz, Tiko, Ustaritz, Álex García, el delantero del filial Ismael López y el cadete Iker Muniain, que a sus 14 años fue la gran novedad del grupo de entrenamiento de ayer.
Exceso de jugadores
Y es que a Caparrós no le ha temblado el pulso a la hora de apostar por la cantera de Lezama desde el primer día. Hasta cinco jóvenes de equipos inferiores se ejercitarán junto a la primera plantilla, lo que, indirectamente, crea un problema al técnico andaluz. Ayer fueron 29 los jugadores que trabajaron en Lezama, a los que hay que unir los lesionados Yeste y Garmendia, y a Javi Martínez y Aitor Ocio, que se incorporarán más tarde al trabajo. Si a ello se le unen los fichajes de Muñoz, Cuéllar y Ezquerro, el técnico de Utrera se puede encontrar con 36 futbolistas en la primera semana de trabajo. Será el tiempo de tomar decisiones para aligerar una plantilla que, de momento, aparece demasiado cargada.








