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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

lucha antiterrorista
Las fuerzas de seguridad atribuyen la caída de etarras a la precipitación de la banda
Sospechan que la organización terrorista ha creado nuevos comandos que operan desde Francia
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Las fuerzas de seguridad atribuyen la caída de etarras a la precipitación de la banda
FILTRO. Un agente se dispone a colocar barreras sobre el asfalto para organizar un control policial. / AFP
«Lo necesario ahora es un buen palo en Francia. Sólo golpeando allí podremos estar más tranquilos en España». Quien así habla es un responsable de las fuerzas de seguridad en la lucha antiterrorista. Según distintas fuentes, las detenciones practicadas en las pasadas semanas han demostrado que la banda se encuentra en plena ofensiva para intentar realizar cuanto antes un gran atentado. Sus propias prisas y la eficacia policial, cimentada en las investigaciones que se han venido realizando en los últimos tiempos, especialmente durante la tregua, han evitado hasta ahora que ETA consiga su objetivo.

La importancia de Francia es absoluta puesto que, según la percepción de las fuerzas de seguridad, la banda ha cambiado su forma de actuación. En este momento, hace pivotar su operatividad sobre pequeños grupos de información que se encuentran cerca del objetivo, y a los que se remite desde Francia el material explosivo cuando ya se considera que el atentado puede ser inmediato.

En esta estrategia son claves los envíos de coches bomba desde los escondites en suelo galo, donde la banda mantiene intactos sus arsenales, laboratorios y talleres para la fabricación de bombas. Con esta mecánica, sostienen los expertos, ETA busca mayor seguridad para sus movimientos, ya que apenas necesita infraestructura. Como en anteriores etapas, los terroristas vuelven a actuar obsesionados por su seguridad y cada vez más atenazados por la presión policial.

Las últimas detenciones resultan paradigmáticas para entender esta nueva forma de proceder. El miembro de ETA Aritz Arginzoniz había viajado en bicicleta hasta Santander y estaba a la espera de recibir explosivos. El joven sólo llevaba un mapa de la capital cántabra, al parecer adquirido en la misma Oficina de Turismo de la ciudad, y una mochila con un temporizador y una pistola. Según su propia declaración judicial, cruzó la frontera en bicicleta con su compañera Saioa Sánchez. El comando acababa de recoger un envío de 50 kilos de amonal procedente de Francia, que el tercer componente del talde, Eneko Zarrabeitia, ocultó en un escondite todavía indeterminado de Usánsolo. Debía servir para su primer acción con coche bomba.

Coches blindados

Un caso similar, pero desde el otro lado de la frontera, se registró el 2 de julio, cuando las fuerzas de seguridad galas detuvieron cerca de Saint Jean de Pied-de-Port a tres etarras que conducían una furgoneta con explosivos. El grupo no llevaba ningún tipo de documentación sobre posibles objetivos, lo que hace pensar que se habían citado en otro escenario con el receptor de la carga, un activista que ya habría realizado las vigilancias necesarias para cometer un atentado.

La furgoneta, una Citroën Berlingo, almacenaba 140 kilos de cloratita y otros componentes mezclados dentro de tubos de acero y dispuestos para ser detonados con un cable, y no mediante un mando a distancia, un dispositivo preparado de forma especial para atacar coches blindados. El Ministerio de Interior barajó la posibilidad de que se tratase de un coche bomba confeccionado para hacerlo estallar de forma inminente, quizás el día del debate sobre el Estado de la Nación. Aunque esta tesis es la prioritaria, los especialistas se preguntan qué pintaba en el envío un rifle G3, arma que no tiene nada que ver con la acción operativa para la que habían montado la bomba.

Otra coincidencia entre las intervenciones de Santander y Saint Jean de Pied-de-Port son las características de los etarras involucrados. Arginzoniz, de 22 años, había escapado del cerco policial en Vizcaya en diciembre de 2006. Su reaparición en la capital cántabra sorprendió a las fuerzas de seguridad, al considerar que no había respetado el tiempo mínimo de confinamiento en Francia que los activistas huidos se imponen antes de volver a la actividad. En el otro caso, uno de los arrestados fue Ekaitz Agirre, un joven de 26 años que en abril se encontraba encuadrado en el 'comando Urederra'. Sin apenas haber pasado ningún periodo de seguridad, tres meses más tarde, ya se encontraba de nuevo operativo y en labores tan cualificadas como el traslado de explosivos.

Estas detenciones, por otra parte, revelan la baja edad de los miembros de la banda que forman parte del aparato militar -pocos superan la treintena; su jefe, Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', tiene 37-. Y a esta falta de experiencia se une una precaria preparación. El pasado 25 de enero, la Policía detenía en Gerona a Iker Agirre, un etarra al que habían enviado a Valencia para buscar objetivos contra los que atentar durante la Copa América.

Agirre, de 26 años, viajaba con instrucciones concretas de cómo actuar escondidas en un zapato, dentro de los calcetines. El pasado martes, Arginzoniz fue arrestado porque no se había tomado la molestia de memorizar los nombres de quienes aparecían como sus padres en el falso carné de identidad que portaba.

En este sentido, muchos de los que han caído en las últimas fechas son personas que huyeron de Euskadi porque sus datos figuraban en los papeles incautados en 2002 al entonces jefe militar de la banda, Ibón Fernández Iradi, 'Susper'. Algunos etarras que ahora se integran en los aparatos de ETA tenían como todo historial el hecho de haber aceptado una cita con activistas de la organización para decidir si comenzaban a colaborar con los comandos. Escaparon sin siquiera haber estado procesados por kale borroka.

Pese a todo, el riesgo no disminuye. Según medios de las fuerzas de seguridad, «ETA puede matar en cualquier momento, y para eso no necesita una especial preparación». Los analistas creen que la banda está buscando un atentado espectacular, con un coche bomba en algún lugar público, similar al de la T-4 de Barajas. «Está actuando con mucha precipitación. Da la sensación de que tiene mucha prisa por intervenir y que quiere un atentado cuanto antes», afirma un experto.

Según esta hipótesis, la presión a la que se ve sometida por la Policía y la frustración de ver cómo todas sus acciones son abortadas pueden llevar a la banda a cometer actos desesperados. El caso de la-T-4 ilustra esta situación. ETA tenía previsto romper su tregua con una bomba que se estaba preparando en un zulo de Amorebieta. Por causas todavía no aclaradas, el comando que disponía del material huyó y la Ertzaintza localizó los explosivos que abandonó en el monte el 23 de diciembre. Una semana después, hizo estallar un coche bomba en Barajas con una cantidad brutal de explosivos, tras haber robado una furgoneta y secuestrado a su propietario en Luz Ardiden.

Esta mecánica tan anómala desveló que la organización se movía con una precipitación fuera de lo habitual. Tras los últimos golpes policiales, ETA podría hallarse en una coyuntura similar, por lo que no se descarta que sus comandos intenten actuar presos de la urgencia, para que no se visualice la debilidad que en estos momentos están ofreciendo. El ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, resumió esta situación comparando el actual escenario con un partido de tenis. Hasta ahora, las fuerzas de seguridad han conseguido parar todas las pelotas que ha mandado ETA. A la banda, sin embargo, le basta con tener suerte una vez para causar un daño inmenso.

La Policía considera que la siguiente fase de la 'Operación salida', con motivo de las vacaciones de verano, será clave para valorar la actividad de la banda, tanto por la posibilidad que tiene de buscar un golpe propagandístico, como por la facilidad que tendrán sus activistas para camuflarse entre los miles de vehículos que esos días cruzarán la frontera española.

Por Internet

En el caso de los explosivos, por otra parte, los responsables de la lucha antiterrorista creen que recurrir a fórmulas químicas obtenidas «de Internet» y a productos elaborados a partir de laxantes y pastillas de fuego, tal y como hacen algunos grupos islamistas, es otra muestra de la pobreza de sus estructuras. «Un grupo terrorista como el IRA no tenía problema en conseguir explosivos industriales en el mercado negro. ETA, con sus nuevos productos, está recurriendo a los mismos medios que iluminados que actúan por su cuenta, sin estar afiliados a ninguna organización, y que simplemente han buscado en alguna página web cómo construir explosivos improvisados», señalan las citadas fuentes.

Este diagnóstico, sin embargo, no implica que en la Policía o la Guardia Civil sean optimistas. «Matar es fácil», insisten. Siguiendo la comparación del ministro Rubalcaba, ETA puede colar su bola en cualquier momento.
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