
Tal vez, el larguirucho nacido hace 56 años en la provincia china de Mongolia Interior, no sea la persona más alta del planeta, pero sí ha sido la única que ha podido demostrar, en un examen médico independiente, que erguido roza casi el cielo. No hay duda: el 'Libro Guinness de los Records' le reconoce como tal. El ucraniano Leonid Stadnyk y el paquistaní Ajaz Ahmed aseguran medir 2,54, pero nunca han dejado que se aclaren las dudas sobre su tallaje.
Los dos, al contrario que el gigante rojo, sufren gigantismo, un desorden del crecimiento, que afectó también al hombre más alto de la historia, el estadounidense Robert Wadlow, muerto en 1940. Alcanzó los 2,72, aunque su corazón fue incapaz de bombear la sangre tan lejos durante más de 22 años.
El minúsculo Pingping representa el extremo opuesto. Hasta la fecha, ha pasado casi inadvertido, mientras que Xishum es tan famoso que su reciente boda ha sido televisada. Quizá su juventud -sólo tiene 19 años- no le ha permitido despuntar aún, pero en cuanto llegue su solicitado ingreso en el Libro Guinness, junto a su famoso vecino -ambos proceden de la misma provincia- las cosas cambiarán. Seguro.
Ese nuevo día el mundo llamará a su puerta y puede que, incluso, comiencen a conocerse sus hazañas. Como se conocen las de Xishum, que en diciembre de 2006 salvó a dos delfines de un zoo, introduciendo su largo brazo por la boca de los mamíferos para extraer unas almohadillas que se habían tragado y les impedían comer.
Seguramente, Xishum seguirá haciéndole sombra a Pingping. Parece lógico, aunque uno nunca sabe. Su admirado gigantón tuvo hasta los 16 años la misma estatura que los chicos de su edad. Luego pegó el estirón y hasta hoy.






