
BIOGRAFÍA
Argentina de origen, trabaja en la actualidad en la Universidad británica de Wales-Bangor, donde lidera el único grupo del mundo que investiga desde el año pasado en acarología forense. «El estudio de los ácaros que aparecen en un cadáver puede ayudar a resolver un asesinato», proclama. También se utilizan para averiguar de dónde procede un alijo de droga o un alimento contaminado.
-¿Qué información brindan los ácaros que se encuentran en el escenario de un crimen?
-Sobre la data y el lugar de la muerte. También nos pueden decir si ha habido traslado del cuerpo. Cuando se encuentran ácaros distintos es que el cadáver estuvo en otro hábitat previamente. Se les puede individualizar como a los humanos con el ADN. Seguramente hay especies endémicas del País Vasco.
-Hasta ahora, sin embargo, se habían pasado por alto.
-Como no se ven a simple vista, los forenses los ignoraban. En un cuerpo encerrado o envuelto, o en un clima frío, en una fase avanzada de la descomposición, no hay insectos, pero sí ácaros. Los más valiosos son los del polvo, los que están en casa. Son muy específicos y de una habitación al baño cambian. Al pie de la cama puede haber miles de ácaros de una, dos o más especies.
-¿Cómo son?
-Espectaculares, muy diversos y de las formas más variadas. Eso es importante porque se pueden usar de indicadores. Como parientes de las arañas tienen apéndices o patitas, y hasta una pinza. Y no son insectos, no tienen cabeza, tórax..., sino otro tipo de estructura corporal. La cutícula que les envuelve es muy dura, resistente, resulta difícil romperlos y viven años. La mayoría de los ácaros no tienen ojos, algunos tienen algo parecido. Odian la luz, ese fenómeno se llama fototropismo.
-Vamos, que si alumbras un cuerpo con una linterna, ¿huirían?
-Sí. No les gusta nada, no sabemos todavía por qué. Se esconden, hay que buscarlos con cintas adhesivas para levantar evidencias. Como no vuelan, a veces se suben a los insectos y se desplazan encima de ellos. Se establece una relación muy estrecha entre el transportador y el que va arriba.
-¿Estrecha?
-Sí, en el sentido de que el ácaro no va a utilizar otro transporte.
-¿Qué fidelidad!
-Es como una simbiosis. A veces el insecto deja el ácaro en el cadáver y se va. Muchos llegan al cadáver con los insectos de la fauna cadavérica.
-¿Se puede ser acarólogo forense por vocación?
-Claro que es vocacional. No vemos el cadáver, sino los insectos. Para nosotros es un ecosistema nuevo que te brinda la posibilidad de estudiar organismos, comunidades de insectos. Es apasionante. Un entomólogo norteamericano ha donado su cuerpo para la investigación a la conocida como Granja de Cadáveres. La incineración le parece malgastar un cuerpo.
-Sin embargo es una disciplina bastante desconocida.
-El caso histórico que supuso el principio de la entomología forense moderna data de 1870. Pierre Mèngin, considerado el padre de esta disciplina, tuvo que estimar el tiempo de la muerte en el cadáver de un bebé, encontrado meses después de fallecer, y utilizó para ello por primera vez la fauna cadavérica.
-¿Cómo lo hizo?
-Se basó en la sucesión de generaciones de insectos que van colonizando el cadáver. Primero, moscas y coleópteros, escarabajos, polillas, insectos que limpian la carne de los huesos y que aparecen en la última fase de la descomposición... Pero en este caso, Mèngin no disponía de mucha información, lo que encontró fue una cantidad masiva de ácaros. Y pese a que el cuerpo estaba en una etapa de esqueleto, le permitió determinar que la muerte se había producido seis meses antes.
-Ustedes apenas llevan un año estudiando los ácaros en cadáveres.
-Desde aquel trabajo inicial prácticamente no había ningún estudio más hasta 1980. Su autor fue otro entomólogo famoso americano, también acarólogo, Madison Lee Goff. Grison, el protagonista de CSI, está personificando a Madison. Cuando en algún capítulo salen insectos, le consultan a él, es asesor de la serie.
-CSI les ha puesto de moda. ¿Le parecen veraces los casos?
-Es un poco exagerada para mi gusto. Establecen ciertas evidencias mucho más rápido de lo que ocurre en la realidad y, además, siempre les sale todo bien. En un episodio, basado en un caso real que ocurrió en California, utilizaron ácaros. La víctima apareció muerta en una zona donde había pastos. Los policías-forenses notaron que algo les había picado en las piernas. Tenían ronchones, picaduras muy particulares. Un acarólogo descubrió que esas picaduras las producía el ácaro 'chigger mites', que sólo aparece en un determinado lugar. Los ácaros son muy específicos, por eso son muy valiosos para los forenses.
-¿Se han resuelto asesinatos gracias a ellos?
-Este caso, por ejemplo. Tenían un grupo de sospechosos y cuando entrevistaron a cada uno de ellos detectaron que uno tenía las mismas picaduras de esa población de ácaros que sólo habitaba en un jardín, en un parque en el que el asesino aseguró que nunca había estado. Fue condenado de por vida. En EE UU hay un par de casos más con presencia de ácaros.
-¿Y en España?
-En el futuro, probablemente. Prácticamente no hay investigaciones de ácaros, ahora estamos trabajando en determinar cuáles son las especies más valiosas para los forenses para realizar estudios de referencia, lo que se llaman tablas de vida, es decir cuánto tiempo le lleva de huevo a adulto...
-¿Colaboran con la Policía y los forenses?
-Se están interesando en esto cada vez más porque se dan cuenta de la cantidad de información que están perdiendo. Por ejemplo, lo de las alfombras me tiene loca. Es un caso típico que el asesino envuelva el cadáver en una alfombra, una cortina... que están llenas de ácaros y, sin embargo, ¿no se toman muestras! ¿Qué error!








