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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Sociedad

REPORTAJE
capaces de soñar
«Altos, morenos, rubios... Todos somos distintos. La diferencia es saber divertirse»
15.07.07 -
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capaces de soñar
LORENA Y JUANITO. Se han hecho inseparables a la fuerza, pero se nota a la legua que están encantados el uno con el otro. / FOTOGRAFÍAS: IGNACIO PÉREZ
A Jorel Coronado le pusieron el día que llegó a este mundo el nombre del padre de Supermán. Ése era el papel de Marlon Brando en la película en su estreno, en 1978. Jorel Coronado no había nacido aún y hoy, que acaba de cumplir 19 años, no sabría poner cara a Marlon Brando, aunque fuera un hombre grande en todos los sentidos. Pero la vida de este chico de Sisante (Cuenca) sí que es una película, «aunque en vez de un 'supermán' haya salido un 'supercojo'». Y lo dice tal cual, y le deja a una helada, aunque enseguida suelte a reír, esa sonrisa permanente que ilumina su cara de superhéroe ingenioso, un primer plano de gesto tosco, ojos azules y pelo pincho, aunque su armazón sea quebradizo, porque tiene una parálisis cerebral de nacimiento que le impide caminar. Lleva una inscripción en la camiseta para quien quiera leer: 'No es que te dé el sol de cara, es que eres tú'.

Lo que Jorel hace resaltando la diferencia es desmontar de un plumazo la categoría de capaz-discapaz. Tiene los brazos fuertes, eso sí, de llevar la silla de ruedas eléctrica (sólo la batería pesa diez kilos) y de practicar 'boccia' -una adaptación de la petanca para las personas con minusvalías graves que se convirtió en deporte paralímpico en los Juegos de Seúl-. Al chaval le gustan también la música maquinera, «escucharla a tope, cuanto más alta, mejor», el Atlético de Madrid y las chicas -«son todas ideales, pero no hay quien os entienda»-. Y este verano de campamento en el municipio leonés de Cubillos del Sil, de 1.500 habitantes (tres de ellos discapacitados), que lleva esperándolo todo el año.

Cabañas domotizadas

Y como él, otros 60 chavales de media España, de 14 a 21 años; los pequeños, casi un centenar, llegarán en la segunda quincena del mes. Por algo se llama 'El Bosque de los Sueños', porque está cumpliendo los de todos ellos, aunque a la mayoría les haya pegado un quiebro la vida y dejado su anatomía descabalgada. Gracias a la Asociación de Parapléjicos y Grandes Discapacitados Aspaym, a la Fundación Vodafone y al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, principales impulsores y financiadores de esta iniciativa, han encontrado en este rincón de la comarca de El Bierzo, situado entre los montes de León y la Cordillera Cantábrica, cerca de donde Endesa tiene tres plantas de gas natural, un espacio accesible, un cielo, un paraíso y «un sueño posible para la integración». En este campamento estable conviven durante el verano chavales con y sin discapacidades físicas.

«Cuando íbamos al Levante de campamento veíamos que faltaba esa relación con otro tipo de gente». Por eso los niños del pueblo tienen abiertas las puertas del campamento. «El día que ves que el que va en silla de ruedas ha sido el que ha ayudado al otro a hacer una actividad, y no al revés, notas que ha funcionado», explica Gloria Arranz, directora técnica del colectivo y responsable máxima de las colonias.

La mujer se sabe por ello en la obligación de ofrecer a 'sus' pupilos «una experiencia para vivir y sentirse sanos sin comparación con otra». La esperanza de vida de muchos de ellos depende del tipo y gravedad de la alteración que tengan, pero en todo caso es bastante más limitada que si tuvieran una salud de hierro. Arranz repite día sí día también que «los niños con lesión medular también se van de colonias». Que «la diferencia en Cubillos del Sil reside en divertirse». «La mejor forma de conseguir la normalización social en el futuro es enseñar a los niños desde pequeños a convivir con la discapacidad», advierte Julio Herrero, director de Aspaym.

El que supervisa Gloria Arranz es un campamento «adaptado». Significa que no hay en él los imposibles físicos que supondrían para personas en silla de ruedas o con muletas atravesar una ciudad. En lo que «antes era un prado y un caballo», recuerda José Luis Ramón, alcalde de Cubillos del Sil, se han levantado dieciséis cabañas de madera domotizadas. Controladas por medios electrónicos, abren sus puertas, ventanas y persianas mediante un mando a distancia. Encienden o apagan sus luces en función de las necesidades de sus usuarios y regulan su temperatura al gusto en tres posiciones distintas: anticongelación, función día y función noche. Los baños tienen un sensor que detecta movimientos y posibles caídas de los residentes. La puerta principal de las casetas se abre incluso con la voz. Y si encuentra algún obstáculo en su recorrido, cancela la acción.

Juan Palenzuela, Juanito le llaman, un cuerpo pequeño de 14 años en una silla mayúscula, no está para explicaciones serias. Hoy se le han pegado las sábanas a este vallisoletano que, delito tiene, ha salido aficionado al Barça. Lorena Valdivielso, que es como su sombra porque ya conoce mejor las manías de Juanito que las suyas propias, le levanta de la cama, le lava, viste, prepara y da el desayuno, vierte la leche en el vaso que levanta del mostrador y lleva a los labios del muchacho Y luego, limpia los dientes, pon el bañador a Juanito, llévalo a la piscina, embadúrnalo de crema solar y haz de todo ello un día inolvidable... Para atender lo mejor posible a críos como Juanito, en el campamento se hacen guardias por la noche; cada seis horas hay que cambiar de posición en la cama a muchos de ellos. Lorena pasó una tarde con la familia de este chico de 15 'tacos' antes de que las colonias comenzaran. «Ese día aprendí a cogerle en brazos sin hacerle daño». Salta a la legua que se llevan de cine.

También hay monitores en silla de ruedas. Como Pablo Martín Arteaga, un chicarrón de 41 años y madre de Legazpi (Guipúzcoa), alero anotador en baloncesto, uno de los doce españoles que consiguió estar en las Paralimpiadas celebradas en Atlanta (EE UU). Un dios para los críos. Cuando Pablo Martín Arteaga habla, la mesa calla; es que les habla en su idioma de adolescentes. Tampoco él rehúye las preguntas. «¿Qué es lo que tienes?» Con nueve años se le vino encima un portón de hierro. Otro monitor, Fernando Pozas, también sufrió un accidente, de tráfico, ocho años atrás y quedó parapléjico. «¿Vas a la discoteca?», «¿Y con chicas?», le han preguntado algunos niños. «Claro, pero yo no tengo novia, tengo amigas», dice él. Sus padres, Teresa y Pedro, no dudaron en asociarse a Aspaym y colaborar. Ella es tan madre con Fernando como con los chavales. «Les coges cariño», dice. «Aunque a muchos, en lugar de evolucionar, les vas a ver involucionar», le ayuda Gloria Arranz.

«Yo tengo paralizada toda la parte izquierda del cuerpo», se explica a la hora de la paella una niña asturiana. Le hace gracia que le digan que «parecía una sirena» en la piscina. Eso que al verla nadar asustaba tanto que se rompiera como que se embarullara en un nudo de brazos y piernas. «Los chavales son extrovertidos y festeros. 'Hora de acostarse', les dices y ninguno se va a la primera», revela Bárbara Fernández, una estudiante ponferradina de Educación Infantil de 21 años. El primer día pasó un trago. «Para cuando logré tumbar a una niña en su cama -los jóvenes sin movilidad duermen en la litera de abajo y en la de arriba los que pueden andar-, me di cuenta de que se me había olvidado levantar la colcha y no podía taparla. Le pedí disculpas y fue ella la que hizo del asunto un chiste. Acabamos riendo a carcajada limpia».

La grúa de la piscina

Por los enormes flotadores y por las grandes cicatrices se les distingue en el agua del resto de los bañistas. Casi todos han pasado por dos, tres, cinco operaciones y muestran las marcas a la altura de las caderas o de los riñones. El ayuntamiento de Cubillos del Sil ha instalado una grúa para que los chavales puedan bajar a la piscina con ayuda de los monitores, que son casi tantos como chavales. «Convendría rebajar el bordillo de la piscina, para acercar más las sillas de ruedas», se queja una usuaria ajena al campamento.

Iván no se atreve a darse un chapuzón. El otro día le hicieron una aguadilla y teme que vuelvan a pillarle desprevenido. Que vale la pena no insistir lo sabe su inseparable amigo. También se llama Iván y también es de Burgos. Los dos hacen carreras con la silla de ruedas que manejan con una sola mano desde una especie de mando a distancia adherido a uno de los brazos. A los chicos les gusta apretar el botón rojo, ése que emite un sonido estridente y que sirve para pedir paso. Si finalmente deciden no bañarse, entre tres monitoras les darán masajes por sus articulaciones apagadas, para tonificarlas. Y ellos sabrán agradecer la atención con una sonrisa y una cara de inocencia; como un masaje al corazón del tutor.

A los mayores, en cambio, «hay que ir a pescarlos». «Si por ellos fuera, estarían en la cafetería viendo la Fórmula 1», explica la directora del campamento. Alejados de los padres por unos días, quieren estar a su antojo. Lo que no quita que algún progenitor «se deje caer por Cubillos del Sil, como si no quiere la cosa». Para su tranquilidad, los responsables del campamento han instalado una 'webcam' en el comedor del campamento. Así pueden ver desde el ordenador de casa a sus hijos, al menos, a la hora de las comidas. Además, la directora, Gloria Arranz, descarga a diario en una web las fotografías que toma. Previa introducción de una contraseña, los padres pueden visionarlas al momento. Con ver a sus hijos felices, ellos también cumplen un sueño.

i.alvarez@diario-elcorreo.com
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