
LOS DATOS
Antzerti Maitaleak es una reciente formación compuesta por Ernesto Barrutia, Eduardo Falces y Maite Lorenzo como actores, Alberto Toledano como técnico de luz y sonido, y Maite Arroitajauregi como música. Sin embargo, todos ellos tienen una larga experiencia en los escenarios. De hecho, el grupo, como Antzerti Maitaleak, surgió tras un cambio de nombre, «y de mentalidad», de Teatro Interior, formación que durante más de quince años ha estado con diferentes montajes en los escenarios de Eibar y alrededores.
Pero la historia se remonta hasta principios de la década de los setenta. Ya en el grupo de Teatro Arrate, creado en 1971, se encontraban Ernesto Barrutia y Eduardo Falces. «Eramos alrededor de una docena de personas, y prácticamente estrenábamos una obra al año», afirman. Maite Lorenzo se incorporó al grupo en 1986, con el montaje de la obra 'La chocholila o el fin del mundo es el jueves', que fue la última que se escenificó en el Coliseo de Eibar antes de su cierre. «Fuimos los últimos en actuar en el Coliseo en 1986 y el primer grupo de teatro en subirnos al escenario en la reapertura del recinto en 2007, cuando participamos en el acto de inauguración», explican con orgullo.
En 1988, y después de que varios miembros abandonaran el grupo, la formación adoptó el nombre de Teatro Interior, con el estreno de 'El zoo de cristal', de Tenesse Williams. «Había nuevas perspectivas, nos quedamos unos pocos que teníamos otras inquietudes». Con este nombre hicieron nuevos montajes e incluso participaron en el I Festival de Teatro Alternativo de Madrid, en 1991. «En Teatro Interior ya teníamos más experiencia, trabajábamos a otro ritmo, mucho más centrados, de una manera más seria». Barrutia, Falces y Lorenzo eran el núcleo del grupo, aunque las también eibarresas Elena Suárez y Fátima Alberdi participaron en varios de los montajes. Eso sin olvidar la labor como técnico de luces y sonido que ya entonces realizaba Alberto Toledano.
Nueva etapa
En 2005, los tres actores principales del grupo decidieron que comenzaba una nueva etapa, por lo que cambiaron el nombre el grupo por el de Antzerti Maitaleak. «Tenemos una nueva filosofía. Estamos más compenetrados entre los tres, y tenemos los mismos gustos a la hora de elegir las obras que queremos representar», afirman. En estos últimos años, se han especializado en los recitales de poesías. Quevedo, Lorca o Benedetti han sido algunos de los autores cuyos versos han trabajado, «escritores que nunca dejarán de emocionarnos», aseguran.
Además, cuentan con el acompañamiento musical de la violonchelista Maite Arroitajauregi. «El trabajo de Maite es engrandecer, aún más sí cabe, esos poemas», explican.
Tanto Barrutia, como Falces y Lorenzo cultivan esta afición de recrearse en otros personajes desde muy pequeños. En el caso de Ernesto Barrutia, afirma que su vocación viene desde muy pequeño. «Ya de crío me gustaba meterme en diferentes personajes». Hoy en día, este eibarrés ya sabe lo que es colaborar con compañías profesionales, y actuar delante de las cámaras de cine y televisión. «El teatro es mi pasión, es donde se viven más intensamente las emociones», señala. «Te da muchas satisfacciones, tanto en el escenario, cuando sale todo bien, como en los ensayos, cuando ves que todo progresa adecuadamente».
Maite Lorenzo cuenta una experiencia parecida. Ya desde pequeña, en el colegio, estaba metida de lleno en todas las representaciones teatrales que se hacían. «La Lorenzo siempre tenía que estar en medio de todo el fregado», señala. Para ella, subirse a un escenario es todo un mundo de sensaciones. «Es lo mejor que hay. Sientes una energía que no se siente en ningún otro sitio». Madre de dos hijos, afirma que su familia ha tenido que «soportar» su afición al teatro, «aunque luego son de los que más aplauden en las funciones».
Eduardo Falces también ya de pequeño montaba sus propias representaciones teatrales en su habitación. «Me disfrazaba de cualquier cosa y actuaba», explica. Después, entró en el grupo de Teatro Arrate, «sólo para probar». «Creía que no iba a durar mucho, y sin embargo nunca he podido dejarlo», afirma. A pesar de los años que lleva en el teatro, sigue sin controlar los nervios previos a cada función, «aunque una vez que piso el escenario desaparecen», matiza.






