La híbrida formación en la que ahora se apoya en gira incluye dos maestros de los ritmos digitales como Mark Bell y Damian Taylor, un teclista neoclásico chino-islandés y otro cacharro de ultima generación; el 'reactable', una especie de mesa redonda luminosa con osciladores y filtros electrónicos que reaccionan según se van moviendo una serie de fichas de colores. Su tablero proyectado y sonido, parecido por momentos al 'theremin', cobró protagonismo en la parte final del recital, la más techno y bailable que culminó conectado al emocional crescendo dramático de 'Hyperballad', de su aclamado álbum 'Post', con la pulsión tribal de 'Pluto'.
Björk sigue aprovechando la estética y las posibilidades de la electrónica para crear una música a tono con su personalísima sensibilidad pop. Pero, tras exprimir las posibilidades de su arrolladora voz con 'Medúlla', ahora lo hace con un espíritu global que intenta conectar a su modo sonidos urbanos con arcanos latidos exóticos. En esa dinámica hay que situar su concierto, que no se limitó a desgranar su ultimo trabajo 'Volta', sino que pasó revista a temas de sus principales discos, conformando su 'set list' como grandes éxitos en vivo nada previsible.
Luces y sombras
Decorado con pendones de animales, proyecciones y con el coro de metales ataviado con estandartes samuráis y túnicas de colores como de secta zen, el escenario parecía pensado para un musical de Akira Kurosawa. Con la banda combinando abstractos ritmos electrónicos, percusiones y colchones de metales, apareció Bjork con un vestido que le hacía parecer una suerte de ninfa esquimal venida de otro planeta. 'Earth Intruder' dio inicio en clave de neo folk galáctico a un recital que comenzó contenido, con baladas y temas downtempo. 'Hunter' sonó mecida por vientos delicados; 'All is full of love', dramatizada con tonos agudos y el sonidos (grabados) de laúdes chinos; 'Pleasure is mine' arrancó con órgano eclesial.
Con sus luces y sombras, el concierto fue un colorista viaje jalonado de sorpresas visuales y musicales con conexiones no siempre bien resultas pero que funcionan gracias a la personalidad y al rajo agudo de esa voz con capacidad para fundir el hielo que tiene Björk. Una pequeña gran estrella a quien se le aclaman no pocas excentricidades, pero a quien no se puede negar la singularidad de su visión ni lo arriesgadas y sugerentes que son sus apuestas. Tanto en el estudio como en vivo.






